Opinión
El odio y el miedo son un buen negocio

Por Miquel Ramos
Periodista
No fue difícil convencer a Ramón de que sus problemas eran culpa de su vecino Mohamed. De que todos los políticos son iguales, que solo miran por sus bolsillos y los de sus amiguetes, y que hacía falta alguien que acabase con todo eso y diese un golpe en la mesa y devolviese a los españoles lo que les pertenece. Que hiciese España grande otra vez. Por eso Ramón votó a Vox. Porque los inmigrantes se llevaban mucha más pasta de dinero público que su abuela, y porque el PP, el PSOE y el resto estaban podridos de corrupción, salpicados por mil chanchullos. Porque el barrio ya no es lo que era por culpa del kebab y la cevichería, y no por el Starbucks o el McDonald’s. Y que la vivienda está cara porque vino Edwin a buscar piso en la periferia, no porque los fondos buitre compraron cientos de miles de casas, expulsan a sus vecinos y hacen pisos turísticos. Por fin un partido vino a poner orden, a acabar con los impuestos abusivos, con los chiringuitos, las paguitas y los extraños, y a evitar que los vagos sigan lucrándose sin dar un palo al agua, viviendo del cuento. Un partido que premia a quien se esfuerza y protege al autóctono, decían.
Estos días se está conociendo con detalle la trama que tiene montado el partido de Abascal con el holding societario del clan Ariza-Méndez Monasterio. Los millones de euros que van y vienen entre partido, fundación y empresas satélite que hacen circular el dinero para alimentar a familia, amigos y perros fieles. Esto era una patata caliente dentro del partido, se sabía, pero todos callaban, hasta ahora. Han sido quienes han salido del mismo o han sido expulsados quienes han acabado denunciándolo públicamente. No hay diferencias ideológicas entre ellos, no nos equivoquemos. El producto que venden es el mismo. La clave está en quién saca provecho de ello.
Dice Vox que todo es una campaña del PP, pero no desmiente nada, más bien lo justifica. Siempre son víctimas de algo. Y así lo explican todo. Y mientras, Feijóo ordena no hablar del tema, que están negociando. Que sean los díscolos verdes y los medios de comunicación quienes hagan ruido. Pero es que el goteo de deserciones, de purgas y de agravios internos no cesa, y todos los que salen o son invitados a salir cuentan lo mismo. Que el búnker lo controla todo, que no hay democracia interna y que el parné se reparte a capricho. Solo hay que sentarse y asistir al espectáculo. No es ninguna operación ‘antifa’ ni ningún contubernio del gobierno, son las miserias internas las que están supurando y desvelando el verdadero rostro de la ultraderecha, su negocio, la estafa a sus votantes.
Más de un millón de euros en asesoría para la empresa Tizona, con un sueldo de casi 30.000€ al mes para la mano derecha de Abascal , entre otros chanchullos. Y los sobresueldos de decenas de miles de euros que llueven cada año como agua de mayo. La mujer de Abascal, con un sueldo de 60.000€ al año por "consultoría en redes sociales y marketing" en una editorial del clan Ariza. La sede de esta empresa es, además, la misma que la del ISSEP, el Instituto Superior de Sociología, Economía y Política, un think tank de la extrema derecha francesa, de la sobrina de Le Pen, cuya marca está aquí apadrinada por Vox. Una escuela de formación para los nuevos soldados de la batalla cultural neofascista por donde peregrinan todo tipo de personajes deseosos de ser aceptados por el club de los canallitas o agraciados con un cargo, con un curso o con una caricia en el lomo de los amos del cortijo. El hermano pequeño de Disenso, la verdadera gallina de los huevos de oro de Vox.
La Fundación Disenso de Vox es el chiringuito más agraciado con la pedregada de millones de dinero público, millones de euros que ha inyectado el partido para repartir sin dar demasiadas explicaciones. Un chiringuito armado por el asesor de Abascal, Kiko Méndez-Monasterio, que tiene el ojo y el pie puesto desde hace tiempo en medio mundo, aprovechando la ola reaccionaria que hay puesto al mando de varios países a amiguetes de Vox como Milei, Trump, Kast, Orbán, Meloni y tantos otros. El amigo argentino, además, haciendo caja con las criptomonedas, y los amigos de Trump, con sus desmanes imperialistas, sus aranceles de quita y pon y su incesante espectáculo que algunos están sabiendo rentabilizar económicamente. El fascismo del siglo XXI es un buen negocio en todas partes.
Imagino la angustia o la vergüenza que debe sentir hoy quien de verdad se creyó esto cuando votó a Vox y ve cómo está aflorando el obsceno reparto del dinero entre familiares y amiguetes . Cómo esos impuestos que tanto critican pagan sus nóminas, sus subvenciones y sus sobresueldos, cifras que Ramón ni siquiera lograría reunir en dos vidas. Cerca de 20 millones de euros de dinero público que han pasado por las manos del partido y que han hecho ricos a unos pocos. Eso debería joder mucho más que ver al Moha haciendo cola en el centro de salud, o a Edwin trayéndote el sushi una noche de tormenta. Gente que no ha tenido otro sueldo que no sea público, que no ha doblado el lomo más que para postrarse ante mandatarios extranjeros que amenazan y escupen sobre nuestro país. Vendepatrias y vendeobreros que miman al gran capital y votan contra salarios mínimos, pensiones y servicios públicos de calidad.
Quiero pensar que hay quien se niega a que le sigan engañando y que no va a tolerar que se rían de ellos en su cara, pero me temo que hay otra parte que se lo perdona, que para que lo hagan otros, que lo hagan los suyos. Mientras sigan dando cera a moros, rojos y feminazis, que trinquen lo que quieran. Esa gente que vive a todo tren con dinero público se ríe de Ramón y de todos los que, como él, han comprado su chatarra argumental que señala a los más pobres, los más morenos, los más jodidos, como el verdadero problema mientras ellos se lo llevan crudo. El odio y el miedo son un negocio muy rentable para unos pocos, para aquellos que viven lejos de la precariedad de un sistema que no tienen ninguna intención de cambiar y al que le están sacando muy buen provecho. Hasta donde están dispuestos a dejarse engañar sus votantes es cosa suya.
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