Opinión
La OTAN contra la OTAN

Por David Torres
Escritor
Si los analistas serios encuentran problemas casi insolubles al analizar los bandazos de la política estadounidense, no les digo nada los que nos dedicamos al humor y a hacer chistes. Es muy complicado superar las burradas de un presidente que hace tiempo dejó atrás su propia caricatura. Sus imitadores, por graciosos que sean, no pueden competir contra el original, y eso que la Casa Blanca ha sido sede de mamíferos tan vistosos como Ronald Reagan o George Bush Jr., que eran casi inverosímiles. Reagan venía de Hollywood, un actor fracasado que encontró en la política un filón cómico inagotable, mientras Bush Jr. venía de su padre, de un complejo edípico que lo llevó a comprobar si tenía narices para desestabilizar Oriente Medio a bombazos. Fue una jugada geoestratégica de amplios ecos que todavía estamos aplaudiendo y gracias a la cual Iraq, Siria, Libia y Afganistán han vuelto a la Edad Media.
A Donald Trump, de momento, no le interesa ir tan lejos, no quiere ir más allá de las fronteras naturales de Estados Unidos, las cuales de momento ha ampliado hasta Venezuela y Groenlandia, aunque se reserva el derecho de ampliarlas hasta Canadá, México o las islas Canarias si le da la puta gana. El derecho en este caso es, obviamente, la testosterona, la fuerza bruta, el derecho de pernada que ha dirigido las relaciones internaciones desde que el mundo es mundo. Hace menos de un mes Trump criticaba a Maduro por ser un dictador y este lunes en Davos dijo que él era un dictador, vale, pero que a veces la gente necesita un dictador. Sus admiradores, que son legión, aseguran que lo dice en broma, pero ya se sabe que con Trump los límites de humor son tan difusos como los límites de Estados Unidos.
Sin ir muy lejos, uno de sus mayores admiradores es Mark Rutte, secretario general de la OTAN, un tipo tan rendido a los encantos del todopoderoso macho estadounidense que en público lo llama daddy (papaíto: habrá que ver qué apelativos deja para la intimidad). Trump fue a Davos a cagarse un rato en Europa y a negociar con Rutte la adquisición de Groenlandia, sin que le importe un carajo que Groenlandia no esté en venta ni lo que piensen en Groenlandia, en Dinamarca o en Europa. Ha ido a consultar directamente las siglas de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y como Groenlandia está en mitad del Atlántico Norte, pues que le digan a cuánto asciende la factura y hecho. Trump va a comprar Groenlandia como quien va a comprar hielo a la gasolinera.
A todo esto, tras décadas de lucha contra el comunismo y de amagar con la amenaza rusa y el peligro amarillo, ahora la OTAN tiene que hace frente a la esquizofrenia de defenderse de la OTAN, concretamente de Estados Unidos, el núcleo irradiador de la OTAN. Las maniobras Cold Response 26 en la región contarán con más de 25.000 efectivos de diversos países europeos, aunque de momento no se sabe si las tropas de la OTAN tendrán que enfrentarse a la OTAN, a una coalición de liebres árticas o a la OTAN. Se rumorea que Mark Rutte podría estar esperando a su papaíto en un iglú, con medias negras, liguero y una botella de champán. De momento, Francia ha enviado 30 cazadores de montaña a Nuuk, Alemania ha retirado 15 soldados y otros países, entre los que se encuentra España, han prometido que ya veremos. Como se ve, todo este jaleo en torno a Groenlandia suena a un monólogo de Groucho Marx, a un número enloquecido de los Monty Python o a una llamada telefónica de Gila: "¿Es el enemigo? Que se ponga".
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