Opinión
Países Bajos tiene la solución a la 'crisis UE': menos nicotina

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Lo hemos escrito ya en este mismo periódico: el prohibicionismo de la izquierda corre el riesgo de solaparse con las políticas ultraconservadoras clásicas, y no tan clásicas. Esta semana hemos conocido con qué tipo de medidas quiere la ultraderecha holandesa resolver la crisis histórica que atraviesa la Unión Europea (UE), un trance azuzado por el primo de Zumosol estadounidense que ha decidido dar la espalda a su principal aliado frente a la amenaza rusa de Vladímir Putin y su invasión de Ucrania, frontera Este europea, la nuestra.
Los responsables de Salud del Gobierno de coalición de Países Bajos, que encabeza la ultraderecha del Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders, conocido como el Dutch Trump ("Trump holandés"), han escrito al comisario de su ámbito pidiendo el desarrollo inmediato de una directiva muy restrictiva con todos los productos que lleven nicotina, no solo con los cigarrillos de combustión. Los trumpistas de Holanda piden más impuestos y un prohibicionismo sin sentido y contrario a toda evidencia científica de los cigarrillos de combustión, los eléctricos, los distintos sabores, el vapeo o las bolsas de nicotina, éstas que ni siquiera llevan tabaco.
Es decir, los Países Bajos cuyo territorio amenaza con convertirse en "un narcoestado" -en palabras de la alcaldesa de Amsterdan, Femke Halsema (Izquierda Verde), recogidas por The Guardian y ElDiario.es-; la antigua Holanda que nutre a Europa y alrededores de drogas de todo pelaje -sobre todo, cocaína- desde el puerto de Rotterdam, el más grande de Europa; la ultraderecha gobernante de un país arrasado por el crimen organizado ha pedido a Bruselas que ponga firmes al resto de países miembros de la UE y aplique la vara punitivista sobre el consumo de tabaco, una sustancia legal, al fin y al cabo, para que los capos del mercado negro se froten las manos y envenenen a los consumidores con sus productos sin control.
Creo, no obstante -y si me permiten la retranca incluso en esto-, que ya sé por dónde van los esfuerzos del Gobierno del primer ministro de extrema derecha y exresponsable del espionaje y la inteligencia holandesa, Dick Schoof, un mini Putin: Países Bajos, que de inicio se opone a la mutualización de la deuda europea para invertir en Defensa, quiere que se grave (más) el tabaco en todos los países miembros, en todas sus vertientes y se castigue su consumo de igual manera en todos los productos para comprar armamento y que dejen a los/as holandeses en paz con las deudas europeas para independizarse de Trump.
En plena ofensiva de EEUU y Rusia, aliados ahora contra Europa por su posición sobre la invasión de Ucrania, Países Bajos viene a sorprendernos con este plan infalible para recaudar más, porque si el Gobierno de Países Bajos -y otros, como el de España- realmente creyeran en el prohibicionismo o el punitivismo como método para acabar con las adicciones, pedirían directamente la ilegalización del tabaco, del alcohol, del cannabis y, de paso, de las benzodiacepinas y otras sustancias que se recetan alegremente en España, por ejemplo, porque no se invierte en psicoterapeutas que puedan tratar los problemas de salud mental más allá de intentar esconderlos con ansiolíticos.
La petición de los ultras holandeses a Bruselas debería de caer en saco roto; su intención de que se les sumen otros países miembros como España, también. La Unión Europea se repiensa como potencia independiente, liberal e ilustrada, mientras la ultraderecha la amenaza desde dentro con volver al blanco y negro del castigo y el negacionismo científico. Ninguna política de los amigos de Donald Trump es casual, no caigamos en la trampa.
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