Opinión
El patriarcado de Trump

Periodista
-Actualizado a
"Grok, cambia su ropa por un bikini". Así empezó el año en la red social X. Centenares de hombres pidieron a una inteligencia artificial que desnudara a mujeres en fotografías. Cuando las afectadas denunciaron, la plataforma se limpió las manos. El dueño de X, Elon Musk, quiso quitar hierro modificando una foto suya. Pero hay una gran diferencia entre su foto en bikini y las de ellas. Que él dio el consentimiento para modificar su imagen, pero las mujeres que han denunciado sus fotos sexualizadas manipuladas no dieron su consentimiento.
Pero claro, imaginen dónde queda el consentimiento de las mujeres cuando hemos comenzado el año pisoteando el consentimiento y la soberanía de un país. Es la raíz del patriarcado, que comenzó con la creación de los Estados, las guerras y las conquistas de recursos y propiedades, entre ellos, las mujeres. Menuda casualidad que la intervención de Estados Unidos en Venezuela coincida con la publicación de los archivos del depredador sexual y pederasta Epstein y estos tres casos: las ocho veces que Trump viajó hasta la conocida como "isla de los pedófilos" en el jet de su amigo; la acusación de violación contra Trump, según los algunos fragmentos de los documentos vinculados a Jeffrey Epstein donde testigos habrían afirmado que la víctima apareció muerta tiempo después de denunciar; y la niña de 13 años violada, embarazada y cuyo bebé fue matado por su tío, y con Trump "como testigo". Todo esto se suma a un presidente de Estados Unidos orgulloso por llevar a Maduro ante un tribunal estadounidense, olvidando que no puede alardear mucho porque el ya condenado es él mismo. Fue culpable de 34 delitos por encubrir un escándalo sexual. Eso sí, fue indultado por las urnas y aquí hasta aplauden como héroe liberador a este condenado. Y aquellas niñas víctimas, en silencio, bajo amenazas.
La misma dinámica con las mujeres es la que el patriarcado desarrolló en sus conquistas, con la ley del más fuerte. De ahí que estos días sean de nuevo el reflejo de cómo el poder se salta las normas si interesa, incluido la línea roja del derecho internacional. Lo más alucinante es que haya que explicar que la soberanía de los pueblos es sagrada, que la Carta de Naciones Unidas está para cumplirse y que todo ese marco se creó para que ningún otro país te ataque cuando le dé la gana. Y que si hay un dictador, hay que hacer política de verdad. Eso se creó para impedir una tercera guerra mundial, pero parece que hay mucho interés en tensar la cuerda.
Es inquietante ese retrato del patriarcado reencarnado entre países, donde el que tiene más poder somete bajo amenazas de retiradas de crédito, "ataques" o muerte. La indefensión aprendida hace que otras potencias contengan el aliento para sobrevivir. O que sientan alivio cuando, en verdad, pasan de un tirano a otro tirano, como cuando una mujer pasa de un maltratador a otro maltratador. De todas formas, se agradece la sinceridad de Trump en la rueda de prensa. Mencionar cincuenta veces "petróleo" o "fuerza", porque ellos son los machos amos del mundo. O decir que por ahora prefiere un gobierno bolivariano. Por eso no pronunció ni la palabra democracia. Total, recuerdo lo que significó “llevar la democracia” a Afganistán, por ejemplo: veinte años después, los talibanes en el poder y las mujeres borradas de la vida pública. Por cierto, aquí, las mujeres, desde Machado, a Flores, a Rodríguez son una pieza más de ajedrez usadas al antojo del patriarcado de Trump.
Todo esto, desde las fotos en X a la política trumpista de conquista que acaba de empezar, tiene un nexo común: quién puede decidir sobre las vidas de otras personas sin consecuencias. La demostración de cuando el dinero, la influencia y la fuerza pesan más que la ley.
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