Opinión
Pederastia, colonias de verano y Conferencia Episcopal

Periodista y escritora
-Actualizado a
Hace unos meses, una mujer me mandó un testimonio donde explicaba la violación que había sufrido de niña en unos campamentos de verano de los Jesuitas. Hablé con ella, porque supe de qué se trataba, y para ayudarla a ponerse en contacto con las personas que podrían echarle una mano. Las denuncias contra la Iglesia católica por violencia sexual no son ni fáciles ni rápidas.
Lo que contaba la mujer era lo siguiente: Acababan de llegar al campamento de los jesuitas de Canal Roya en el Pirineo aragonés. Corrían el año 80, ella tenía 13 años. Se sintió indispuesta y el sacerdote encargado de la custodia de las criaturas la condujo hasta el médico de Canfranc. El doctor la situó de espaldas a él, apoyó su cuerpo menudo contra la camilla, le bajo el pantalón y las bragas y la penetró analmente. Mientras esto sucedía, el jesuita estuvo contemplando en todo momento la violación. Aquel sacerdote, ya fallecido, sigue siendo un hombre respetado en Zaragoza, donde vivía, e incluso honrado con alguna mención por su trabajo con los críos y crías.
Se hizo llegar la denuncia con el nombre del sacerdote a las instancias adecuadas, en este caso a la Asociación Betania, entidad —dicen allí— para la "reparación" de las víctimas de violencia sexual "en contextos institucionales religiosos". Su respuesta fue que el sacerdote no había hecho nada. Exactamente, lo que sigue: Calificación de los hechos: Los hechos no constituyen abusos ni ninguna otra conducta punible, al menos por parte del miembro de la Compañía. Propuesta: Dado que no puede entenderse que la conducta del Jesuita fuese delictiva, se entiende que la Compañía de Jesús no tiene responsabilidad alguna por los hechos relatados y no puede ofrecerse a iniciar un proceso reparador con la víctima, sin perjuicio de que pueda quedar a disposición de la víctima si tiene alguna duda que pueda resolver.
¿Acaso no es violencia sexual llevar a la cría a ser violada, o sea, proveer de víctimas al pederasta? ¿Acaso no es violencia sexual mirar cómo un hombre adulto viola analmente a una niña de 13 años, quedarte ahí contemplándolo todo? ¿No se trata de una participación evidente? ¿A cuántas crías y críos más llevó aquel jesuita a que el médico las violara mientras él gozaba el espanto?
Rescato el recuerdo porque los miembros de la Conferencia Episcopal han vuelto de su visita al Papa León XIV sin tomar ninguna medida contra Rafael Zornoza, obispo de Cádiz, acusado de pederastia. La noticia la publicó recientemente El País, pero a los señores de la Conferencia Episcopal la denuncia les había llegado hace nada menos que cuatro meses. Cuatro meses en los que no han tenido a bien dar ningún paso. Nada de nada. No se trata de un curilla de pueblo ni un "hermano" bobo de los que cundían en los colegios de mi época, sino de un obispo investigado canónicamente por pederastia, cosa que ocurre en España por primera vez.
Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal ha respondido que la cosa va a llevarles su tiempo: "Los procesos en general casi siempre son lentos, porque son garantistas, nosotros creemos en el Estado de derecho". Y ahí miente el señor Argüello, cosa que no debería hacer, porque es pecado. Si ellos creyeran en el Estado de derecho, no llevarían toda su historia escondiendo a los sacerdotes pederastas, a los sacerdotes violadores, a los miembros de la Iglesia católica a los que han ido llevando de una parroquia a otra, de un colegio a otro, para distraer al personal. Si creyeran en el Estado de Derecho, no serían lo que son, encubridores de delitos.
Yo conocí a aquella niña violada en los campamentos de Canal Roya de los jesuitas. La conozco, es mi gran amiga. Yo sé cómo destrozan las vidas no ya de aquellas niñas, sino de las adultas que después somos.
Todo lo que acabo de exponer sucede por una simple razón: porque los miembros de la Iglesia católica lo permiten. Si todas y todos ellos dijeran "Basta", si plantaran cara a las jerarquías que practican o permiten la pederastia, esto hace tiempo que llevaría otro ritmo. Mientras no lo hagan, tengan mucho ojo a la hora de elegir las colonias de verano, o similares, a las que llevan a sus hijas e hijos. Yo de ustedes, me lo pensaría.



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