Opinión
Perogrullas y perogrullos

Por Alba Sueiro
Escritora y consultora de comunicación de sostenibilidad.
Esta mañana me he despertado de un inquieto sueño con un cosquilleo en la nuca, un no sé qué subiéndome por las tripas, un tintineo extraño en los oídos.
—Date —me he dicho—, que me he levantado perogrulla.
Igual que Gregorio Samsa cuando se despertó insecto perdido, me he comprobado las patitas, que seguían igual de largas y en el número acertado; los brazos, en su sitio; la barriga, un poco flácida después de dos partos pero, por lo demás, correcta.
A pesar de mi nula transformación física, la seguridad de haberme convertido en perogrulla no me abandonaba. Como quien descubre por primera vez que le gustan los pimientos de padrón, estaba segura de mi nueva condición. Así que tuve que darle las gracias por la clarividencia a una política de nuestro país, destacada intelectual, que ha iluminado mi perogrullismo de una manera que hasta ahora, no me era evidente.
La política ha venido a decir, con mucho salero, que buena parte de España está formada por perogrullos de campeonato.
Unos perogrullos que no nos hemos enterado de que el clima cambia con el tiempo y así de fácil. Somos perogrullos rechinantes, eso es lo que somos ¿sabe usté?, quienes nos empeñamos en creer a quienes llevan años advirtiendo de los efectos climáticos extremos provocados por la quema de combustibles fósiles.
Qué invento oiga, qué engañifa.
Fíjate el nivel de perogrullismo que tenemos, que llegamos incluso a pensar que esto no es normal. Que cuarenta y tantos grados a la sombra un día sí y otro también y cada año un poquito más, no parece lógico. Que no nos encajan esas llamas infernales que acaban con nuestros montes, desplazan a nuestras familias y amigos, ponen en riesgo a nuestros equipos de bomberos y voluntarios, asesinan nuestros árboles centenarios, nuestras flores, nuestras colmenas, nuestros escarabajos, zorreras y liebres.
Pero a ver, escúchame bien, parecen decir al otro lado: ¿quién no ha visto nunca un incendio tan potente que es capaz de provocar su propio microclima? Esto es tan natural como el menearse de las mareas o la luna que de vez en cuando se levanta redondita. ¿Pero es que no lo veis?, ¿cómo podéis ser tan…tan… tan… ya sabes?
Por lo menos podemos consolarnos, porque los perogrullos y perogrullas de España seremos un hatajo de tontos del haba, pero al menos no estamos solos.
¿Stephen Hawking? Perogrullo.
¿Los 126 premios Nobel que firmaron la declaración Nuestro planeta, nuestro futuro en 2021? Perogrullos.
¿El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la ONU, la NASA, la Agencia Europa de Medioambiente, la OMS, Harvard, Oxford, Cambridge, el MIT….? Perogrullos todos.
Me levanto de la cama, dispuesta a vivir la vida ya como una perogrulla y, mientras desayuno, leo en las noticias que las llamas siguen fuera de control mientras los perogrullos seguimos mirando.
Impotentes. Enrabietados. Intentado ignorar el pestazo político. Mirando por la ventana cielos color ceniza o preguntándonos si será este año o el siguiente cuándo le tocará a nuestro monte, a nuestro corzo, a nuestro pueblo.
Y entonces es cuando más perogrullos nos sentimos, cuando el ánimo se nos cae a los pies y subimos los hombritos como niños chicos o lloramos un rato. Porque sabemos que si la mayoría perogrulla de España no puede parar a quienes se dan cabezazos con la realidad, es que nos hemos ganado el apodo a pulso.

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