Opinión
Primarias, cónclave o sorteo

Por Enrique del Olmo
Sociólogo
-Actualizado a
Nadie puede poner en duda que la piedra tirada por Rufián y Emilio Delgado a las aguas estancadas de la izquierda (alternativa, o como la queramos llamar), ha provocado unas importantes ondas expansivas.
Como señaló el republicano de Santa Coloma habrá que hablar del cómo, aunque sobre la mesa también se pusieron temas de importante transcendencia: miedo o ilusión; unidad electoral y unidad de propuesta; abandono de sectores de la población (se señalaron sobre todo campo y jóvenes); respuesta a temas sociales -sobre todo vivienda pero también inmigración y seguridad; y la relación con el PSOE.
En primer lugar, hay un diagnóstico casi unánime sobre el peligro que supone para la convivencia democrática el avance de la ultraderecha tanto en ideas como en organización social. Aún más, se señala con razón el retroceso en derechos y libertades que se va a producir con la alianza PP-Vox: no se puede permitir la llegada al poder de esta alianza reaccionaria. Y ese diagnóstico común obliga sin duda a una ordenación de prioridades: los intereses particulares de cada una de las fuerzas progresistas (porción electoral, estructuras partidarias, financiación) deben supeditarse absolutamente a este objetivo dominante. Se trata de parar a la derecha, igual que sucedió en Francia con el Nuevo Frente Popular o en Portugal con la candidatura de Seguro.
Se señalan las grandes dificultades para lograr un amplio tejido de alianzas que imposibiliten o dificulten la implantación de la alianza PP-Vox en el poder y con la ultraderecha eliminando conquistas sociales y derechos. Sin embargo, si se señala la importancia del riesgo, es imprescindible ser consecuentes con este análisis. Solo Podemos sitúa este riesgo como algo no determinante para la sociedad española, preocupado por cosificar su limitada esfera de influencia y sobre todo jugando a la "destrucción" de los enemigos de su bando, desde el PSOE hasta SUMAR.
El gran inconveniente que aparece es la supervivencia de siglas y aparatos, los cargos públicos y las estructuras de la organización y en última instancia la misma financiación, es un proceso dominado por lo endogámico antes que por la necesidad de responder el reto planteado por la derecha reaccionaria. Los ejemplos de las elecciones autonómicas son la demostración palmaria de lo dicho. Sin embargo, incluso tomando como referencia las propias necesidades de cada una de las fuerzas, es de una miopía absoluta no entender que en la derrota todo será precariedad y desaparición de recursos y capacidad operativa, mientras que derrotando a la ultraderecha y prosiguiendo una senda de carácter progresista las posibilidades de cada uno se amplían y fortalecen.
Hubo en el diálogo entre Emilio Delgado y Rafael Rufián una dicotomía muy importante: miedo e ilusión, incluso cada uno puso un mayor énfasis en cada uno de los polos. La realidad es que operan de forma activa los dos; el miedo a lo que puede venir con PP-Vox desde todo punto de vista y es justo y correcto señalarlo y que la sociedad lo interiorice, y la ilusión, que supone una propuesta de avance social y democrático que movilice a la población derrotando culturalmente el modelo de ley de la selva que propone la derecha. Responder adecuadamente a los grandes temas como son vivienda, inmigración, defensa de la sanidad y la educación pública, mejora laboral en el marco de una autonomía e independencia frente a la sumisión al trumpismo de la que podemos sentirnos orgullos, son señas de identidad con las que la sociedad puede reagruparse, no sólo para derrotar a la reacción, sino para avanzar en mejores condiciones de convivencia democrática.
El problema para el acuerdo entre las diversas formaciones, no pasa por las propuestas políticas y sociales, aunque pueda haber matices y muchas veces intensidad en los decibelios de las propuestas. En su inmensa mayoría el terreno del acuerdo común es evidente y no pasan por ahí los problemas, las dificultades pasan por las negociaciones entre fuerzas que se mueven entre su supervivencia como organización (que ningún acuerdo puede poner en duda) y la distribución de poder y liderazgo que salga de cualquier acuerdo unitario, y ahí está el quid de la cuestión.
Es evidente que la Ley Electoral dificulta la conversión directa del apoyo popular en representación electoral. Y hay que señalar que esa ley electoral no ha querido ser cambiada en profundidad por parte de los partidos mayoritarios en ningún momento. Es decir jugamos con cartas marcadas a favor de los conservadores, por eso es mayor la exigencia de una alta dosis de generosidad de todos y cada uno (lo que incluye que en algunas circunscripciones provinciales se tendrá que hablar con el PSOE) para frenar la representación de Vox. Y eso sirve tanto para el Congreso como para el Senado.
Esa generosidad pasa por priorizar la formula más favorable de competencia y no a los protagonistas. La propuesta de Rufián de discusión provincia a provincia tiene mucho interés, aunque su manifestación en diversas autonomías no sea fácilmente viable, por los territorios acotados de los independentistas catalanes, gallegos y vascos, lo que no quita para que el resto de la izquierda no se aglutine convenientemente. Además, es dudoso que los diversos electorados se aglutinen automáticamente en referentes que tan alejados han estado durante décadas. En el proceso no debe dominar la perentoriedad (ya se oyen exigencias de definiciones inmediatas y contestaciones a la defensiva), sino el diálogo y la mirada larga.
Si la necesidad, contenidos y viabilidad de los acuerdos está presente ahora viene el tema del cómo, que se preguntaba Rufián.
Más allá de lo obvio del diálogo y la negociación. Tres posibles fórmulas, algunas con una cierta ironía, se nos presentan.
En primer lugar, la más moderna e innovadora (aunque viene rodándose desde hace mas de una década en nuestro país): las primarias. Primarias que deberían ser abiertas (con participación social), reguladas y controladas de común acuerdo y si es posible por una autoridad independiente, y que fuesen un elemento tanto de movilización social, como de ordenación de los resultados, posiblemente recogiendo la propuesta de Rufian por provincias ya que esa es la circunscripción electoral constitucional y que impide la igualdad de los votos. De todas las experiencias quizá una de la más rica y versátil fuese la de Ahora Madrid, que llevó a Manuela Carmena a la Alcaldía de la capital, donde además se utilizó un sistema para la ordenación de la lista en función de los votos obtenidos.
En segundo lugar, retrocedamos 9 siglos y fijémonos en la experiencia de una de las grandes organizaciones de la humanidad: la Iglesia Católica. En 1274 mediante la bula Ubi Periculum se estableció la instancia del Cónclave, donde se reunían los electores, y no sólo se reunían sino que se les cerraba con llave y regulaba la manutención con el fin de quebrar voluntades y facilitar acuerdos. Aunque suene un poco irónico, a mucha gente le encantaría ver encerrados a responsables políticos y teniendo que esperar a llegar a acuerdos para salir a la luz y anunciar la buena nueva de los acuerdos. En cualquier caso, si uno mira los Cónclaves eclesiásticos que tan bien describe Eric Frattini (Cónclave, la Iglesia después de Francisco), nos damos cuenta que las negociaciones y tensiones de la izquierda íbera, son juegos de guardería ante las tensiones eclesiásticas, que sin embargo siempre acaban con un Papa proclamado.
En tercer lugar, retrocedemos aun más en el tiempo y vayamos a la democracia ateniense y recuperemos una vieja práctica plenamente democrática que su puesta en marcha hubiese evitado decenas de conflictos intra e interpartidarios: el sorteo. Partiendo de la existencia de una gran base común en el sentido político y la confianza que hay que suponer a cualquiera que esté dispuesto a luchar por un lugar de representación pública, el sorteo entre los diversos candidatos es una fórmula que de forma inequívoca supera otros conflictos marcados por los intereses y los egos. Como señala José Luis Moreno Pestaña "Ordenar las listas por sorteo hubiera ayudado a controlar las pulsiones privadas y trabajar colectivamente por una lista en la que nadie hubiera competido con nadie (…) en los espacios cegados por el fetichismo político no existe otra democracia que las facciones en la disputa electoral".
Pueden parecer boutades la fórmulas propuestas complementarias a los procesos de negociación política y organizativa que sin duda se llevarán a cabo, pero con ello queremos reflejar que salidas hay sin duda y altamente eficaces si lo que está en juego es poner todos los instrumentos posibles para frenar el alza de la ultraderecha e impedir que el futuro gobierno de España se oriente hacia las siniestras simas del neofascismo.

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