Opinión
La prioridad

Por Marta Nebot
Periodista
Este fin de semana, mientras España escuchaba la voz de dios a través del señor papa, mi concubino y yo nos fuimos a Suiza a escuchar la de La Humanidad. Curiosamente esta vez sus discursos coincidieron en parte. Eso sí, unos más etéreos que otros.
En la ciudad de Berna se ha celebrado la sexta edición del True Story Festival, organizado por Daniel y Rocío Puntas Bernet, el matrimonio de suizo y andaluza fundadores de estos premios que reúnen a lo mejor del reporterismo global.
El papa en Madrid, para empezar, tiró de la oreja a la derecha extrema y señaló: "Nadie puede arrodillarse ante dios y despreciar al hermano"; algo así como que no se puede querer a dios sin querer a Los Humanos.
Los reporteros que en Suiza se juntaron demostraron que en nombre de dios se está matando y matando y que debe ser que muchos de los que dicen quererlo lo mismo es que no lo quieren tanto.
Estos días, mientras gran parte de España demostraba que le gusta ser pastoreada, la ciudad de Berna se empeñaba en otro tipo de liderazgo menos esotérico.
En esta edición el True Story Festival ha seleccionado, a través de un jurado de prestigio, entre casi mil candidaturas de más de 100 países, en 22 lenguas, los mejores reportajes publicados el año pasado. Los 36 nominados han contado sus trabajos en más de 40 eventos por toda la ciudad y en encuentros con estudiantes adolescentes, adultos recientes -como los llaman ellos- de toda la comarca. Es decir, hombres y mujeres contando el mundo con rigor y honestidad a hombres y mujeres dispuestos a escuchar.
Estar allí ha sido emocionante. Muchos hemos llorado en varias ocasiones, como algunos lloran en las procesiones de Semana Santa o ante su santidad. Conocer cómo lo han hecho ha sido un regalo de los dioses paganos. Lástima que no vengan millones en peregrinación a escucharlos. Los actos se llenaron, pero los aforos no son comparables.
Suiza tiene nueve millones de habitantes, cuatro idiomas oficiales, casi el 30% de la población es inmigrante y su democracia es de las más directas del mundo: lo votan casi todo.
No puedo contar el país ni todas las historias de este encuentro en una columna. Intentaré resumir lo principal.
En la categoría Impacto ganó La trampa de Kalamata: Cientos de migrantes se ahogan en su camino a Europa del egipcio Sameh al-Laboudi, publicado en Al-Manassa, un medio independiente de El Cairo.
El 15 de junio de 2023, un barco pesquero que transportaba más de 800 migrantes se hundió cerca de la costa griega. Solo se rescataron 104 personas y se recuperaron 82 cuerpos. Horas después del desastre, la Policía griega arrestó a nueve egipcios supervivientes, acusándoles de tráfico de personas y de haber causado el hundimiento. Estuvieron en prisión casi un año sin pruebas en su contra. Después el Tribunal de Kalamata los absolvió en la primera sesión del juicio, que duró menos de 15 minutos.
El reportaje pone cara a dos supervivientes detenidos: Mohamed Emad, licenciado en Derecho que no encontraba futuro en Egipto, y Ahmed Adel, un jornalero que decidió emigrar tras no poder costear el respirador que necesitaba su hijo recién nacido. Ambos pagaron 2.800 y 4.000 dólares, respectivamente, a redes de tráfico que operaban entre Egipto y Libia, usando aplicaciones de transferencia de dinero rastreables.
Además, demuestra que el barco envió llamadas de socorro reiteradamente, pero las autoridades griegas no respondieron hasta más de 13 horas después y que este tipo de arresto sin pruebas es un patrón habitual de las autoridades griegas. Su guardia costera detiene sistemáticamente, de cada barco de migrantes interceptado, a un grupo de ellos por cargos de tráfico de personas, criminalizando a las propias víctimas como chivo expiatorio para lanzar un mensaje ejemplarizante.
En la categoría Investigación ganó La familia de Gaza destrozada por francotiradores de las FDI de Chicago y Múnich de Hoda Osman y Emma Graham-Harrison, publicado en Arab Reporters for Investigative Journalism y The Guardian. Es un reportaje que pone nombre, cara y nacionalidad a los francotiradores responsables en Gaza, documenta los asesinatos con vídeos y pruebas forenses, y los encuadra dentro de un patrón sistemático para matar civiles desarmados cuando intentan recuperar los cadáveres de sus familias.
Por último, en la categoría Narración, ganó Ela, la condena de mi citado concubino, publicada en El País Semanal. Martín Caparrós, diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) hace unos años, habla con pacientes -compañeros de enfermedad-, con familiares y con profesionales de la Unidad de ELA del Hospital Carlos III de Madrid, que es el centro donde él mismo es atendido. En esta crónica, tan personal como estoica, reflexiona sobre cómo a lo largo de su vida entrevistó a cientos, quizá miles de personas en situaciones difíciles, intentando empatizar, pero al terminar la entrevista volvía a ser "un señor blanco acomodado". Ésta es la primera vez que no. En este reportaje demuestra que las enfermedades nos igualan, que tal vez detrás de casi todo lo que ocurre hay clasismo y xenofobia. Además, contiene un alegato a favor de la sanidad pública de calidad. Describe la unidad que le atiende como "una infracción alentadora" a la regla general de que cuanto más pagas mejor atención recibes. "Aquí la excelencia no es cuestión de plata" y la calidad de vida de los pacientes, vivan lo que vivan, es la prioridad.
En estas jornadas de convivencia con reporteros exitosos preocupados por el presente y por el futuro a secas -no solo por el de la profesión y el suyo-, España aparece como una superviviente admirada y aplaudida, un faro moral en el horizonte tormentoso, una esperanza heroica y no el sindiós que narra la actualidad informativa española de cada día. Mirada con sus ojos se ve todavía más claro que nuestra realidad social no se corresponde con nuestras noticias.
Otros muchos países han caído en las garras de los populismos ultras en poco tiempo y muchas conversaciones giraron sobre eso. Algunos que conocen cómo nació y creció la AfD en Alemania cuentan por ejemplo que la extrema derecha prende en el aburrimiento, y en las estructuras sociales desaparecidas, entre los huérfanos del colectivismo comunista. Otros añaden que también crece en la desigualdad ¿incorregible?, en el resentimiento de los eternos menos favorecidos por sociedades muy favorables -comparadas con otros muchos sitios-. Engorda en la necesidad de promesas de cambio -no solo de conservación-, en la falta de sentimiento de pertenencia, aunque solo sea a la contra sin saber qué vendrá luego. Se engrandece en la búsqueda desesperada de expectativas, de algo, joder, de algo.
El populismo como relleno de la vacuidad es ya una vieja true story internacional y también la confirmación de la degradación absoluta de las democracias, del éxito y perfeccionamiento de las técnicas de manipulación de las masas desinformadas, insatisfechas, solas y aburridas. Sí, la masa solitaria parece un oxímoron pero es el síntoma lógico de nuestro apantallamiento de cada día. Cada día más conectados, desinformados y solos. La alcaldesa de Berna, Marieke Kruit, lo llamó "el fast food mental" que nos está desnutriendo las cabezas y, por lo tanto, el alma.
Y entre esas conversaciones, entre gente comprometida con el mundo y con la vida, lejos del aburrimiento y de la falta de sentido, si mirábamos a nuestro alrededor veíamos que los que sirven en la ordenada Suiza son portugueses, italianos, latinoamericanos... Hablan español o españolo. Hacen aquí y ahora el trabajo que no hace tanto hicieron los nuestros en la posguerra y después, tras la crisis de 2008.
¿Dónde queda la prioridad nacional vista desde este sitio donde se hablan tantas lenguas? ¿Será prioridad europea? ¿Será la misma porquería? ¿Será que la emigración siempre ha sido, es y será difícil? ¿Será que la cuestión crucial es integrar o no integrar? ¿Será que la prioridad principal es la integración porque sin ella las sociedades se desintegran? ¿Será que ha llegado el momento de integrarlo todo más, de dar un gran salto hacia delante o hacia atrás? ¿Será que necesitamos ordenar los nuevos usos y desusos informativos, pasar pantallas en la lucha contra las viejas injusticias que tienen que terminar, coger las fallas de la democracia y del multilateralismo por los cuernos, reencontrar la solidez moral y vital para seguir construyendo presente y futuro?
¿Qué será será? ¿Será que de tanto mirar para arriba y buscar guías, líderes, certezas rápidas -tanto en la Tierra como en el cielo- no podemos mirarnos, responsabilizarnos y hacernos cargo? ¿Será?

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