Opinión
Rufián puede sumar

Por Paulo Carlos López-López
Profesor titular de Ciencia Política de la USC
Secretario Xeral de Movemento Sumar Galicia
-Actualizado a
Conocí personalmente a Gabriel Rufián en el acto de graduación de una promoción de Ciencia Política de la Universidade de Santiago de Compostela, en el año 2024, al que fui invitado como profesor. Él fue como padrino. Dijo que nunca lo habían escogido, que era su primera vez y que era un honor serlo en Galicia. Su discurso, lejos de la inflamada retórica parlamentaria, fue más bien conciliador y capaz de aglutinar mayorías. Animó al alumnado a estudiar y a esforzarse, diciendo que él, en primero, había suspendido muchas y que ahí lo tenían. Familias de lo más variopinto lo interrumpieron en varias ocasiones con aplausos, mostrando una fascinación y una conexión genuina con la juventud de la que estamos escasos en la actualidad desde la izquierda. En todo caso, es importante saber que una cosa es que te aplaudan y otra muy distinta que te voten. Se necesitan más cosas.
Más de un año y medio después, Rufián lanza una propuesta etérea de "unidad de la izquierda" sin decir cómo. Es evidente que cualquiera con dos dedos de frente debe saludar y aplaudir la propuesta. ¿Quién no va a estar a favor de la unidad del progresismo ante la más ultramontana derecha y extrema derecha? Debo decir que este debate quizás se ha instaurado demasiado pronto, ya que ahora tocaba hablar de políticas y de lo que se está haciendo en el Gobierno del Estado como mejor antídoto contra la reacción, pero, una vez servido ese debate, es imposible obviarlo. La respuesta que los "suyos" han tenido con el republicano ha sido algo más que un portazo en la cara (ERC, Bildu y BNG), llamando especialmente la atención su aparente ingenuidad. ¿Acaso no sabe cómo operan los aparatos de los partidos? ¿Acaso no tiene la suficiente experiencia como para intuir los límites de la acción partidaria y de la política de alianzas? ¿Acaso no conoce la ley de hierro?
La organización soberana que represento y, a la vez, federada con Movimiento Sumar, Movemento Sumar Galicia, apoya sin fisuras el lanzamiento que el próximo día 21 de febrero realizaremos con Comuns, Izquierda Unida y Más Madrid para sentar las bases de una nueva alianza. Dotarse de normas claras, de órganos de coordinación y de mecanismos para resolver las discrepancias, además de espacios de diálogo programático, es condición necesaria para no repetir errores del pasado, pero también debe existir una clara voluntad de no ser el enésimo intento de una falsa refundación a última hora que fatiga a la ciudadanía.
¿Es esto incompatible con la propuesta de Gabriel Rufián? Para nada. De hecho, coincide en lo esencial, en la idea de frente democrático, republicano y plurinacional que también defendemos. A lo mejor es cuestión de tiempos y de compañías. Rufián no puede hacer este viaje solo. Las organizaciones y las militancias deben acompañar siempre, porque sin ellas no hay bases, ni capilaridad, ni legitimidad. Y esto es fundamental para nuestra supervivencia como proyecto. O volveremos a equivocarnos.
¿Es posible unirnos en lo esencial y en lo electoral, manteniendo identidades partidarias, pero unidad de acción, ser capaces de ilusionar y, a la vez, maximizar nuestra representación en las distintas circunscripciones? Lo es. ¿Qué se necesita? Audacia y responsabilidad. Pero, claro, también generosidad. Y asumiendo una serie de puntos de partida.
En primer lugar, no asumir esa máxima de "donde haya una izquierda autóctona, no debe presentarse la estatal". Esto es una falacia. O se hace en conjunto respetando la pluralidad (coaliciones), o se acuerda un marco de cooperación en el que la convivencia entre distintas listas no perjudique al resultado. Pongamos dos ejemplos de las últimas elecciones generales del año 2023 (elecciones de primer orden y con un marco de competición política distinto al de las autonómicas), con todas las distancias y siendo conscientes de que el próximo proceso será otro. En Galicia, Sumar Galicia tuvo casi 180.000 votos y dos diputadas; el BNG, poco más de 150.000 votos y un diputado. Juntas, probablemente más. En Cataluña, los Comuns, medio millón de votos y 7 diputados y diputadas, lo mismo que ERC. Juntas, probablemente más. O no. Depende. Además, ¿qué es eso de izquierda autóctona e izquierda estatal? Existen espacios híbridos y organizaciones federadas y confederadas. Por ello, lo primero que deben dejar algunos es la soberbia y ser humildes, ya que esto no es "qué hay de lo mío". Por supuesto que es lógico que BNG, ERC o Bildu quieran presentarse solos en sus territorios. Lógico y respetable. No engañan a nadie. Es su cultura política. Ahora bien, ¿es efectivo y audaz en este tiempo político?
En segundo lugar, esto no va de liderazgos ahora (va de proyectos), pero a la vez sí que va de esos liderazgos. Negarlo es no conocer un ápice del comportamiento político de la ciudadanía y de las razones del voto. Y Gabriel Rufián, alguien muy valorado y con mucho talento, también debe saber (y lo sabe) que existen liderazgos naturales, como el de Yolanda Díaz, que no solo desarrollan políticas transformadoras, no solo son conocidos, sino que también han sido capaces de unir. Eso de "buscar liderazgos neutros" (en clase de Ciencia Política lo hemos intentado explicar sin éxito) o el intento de algunos cuadros medios de enterrar lo que, objetivamente, es lo más solvente que tenemos no es que sea “negativo” para la ansiada "unidad", sino que la torpedea de base. Finalmente, un programa de mínimos en el que, estoy seguro, no habría grandes problemas: políticas sociales intensivas, vivienda como derecho, intervención del mercado o reconocimiento explícito de la plurinacionalidad del Estado.
Veo ingenuidad, pero a la vez generosidad, en las palabras de Rufián. Estoy seguro de que lo hace porque le nace y no porque le hayan dicho que no repite como cabeza de lista al Congreso desde ERC. Y empatizo con su generosidad porque veo que habla como un ciudadano preocupado por lo que puede llegar y no por su propia supervivencia. Y también empatizo con él, por qué no decirlo, por el implacable rodillo que le han pasado por decir algo con tanto sentido común.
Si Rufián quiere dar el paso, le pido que no venga solo, que hable con más gente (empezando por los Comuns en Cataluña y por su propio partido) y que no le ponga puertas ni al campo ni al mar. Esto que está proponiendo ya lo hicieron otros y otras en su momento. Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, uno de los padres del nacionalismo galego, integró al Partido Galeguista en el Frente Popular en el año 1936, obteniendo sus mejores resultados y saliendo diputado. En aquella altura nos jugábamos la autonomía y la democracia. Entiéndanme bien: los contextos y las realidades son distintas, hemos avanzado como sociedad pacífica y no estamos a las puertas de ninguna guerra. No pretendo hacer demagogia con esto porque sería frivolizar. Pero la extrema derecha actual tiene muchos elementos en común con aquel fascismo y, en buena medida, ahora también nos jugamos parte de nuestra democracia y la plurinacionalidad. Porque, por mucho que digan algunos aparatos, sí que es importante articular un frente democrático. Para ilusionar. El día 21 de febrero se presenta una parte, pero debe haber más. Y, si quisiera, Gabriel Rufián puede sumar.
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