Opinión
Qué sabemos sobre el contagio por hantavirus

Por Ana Barbas
Farmacéutica y miembro de la Fundación Espacio Público
Sin pretender establecer certezas absolutas, estas ideas que vamos a compartir buscan transmitir datos difundidos por diversas personas acreditadas sobre los aspectos sanitarios de esta crisis, desde virólogos hasta médicos dedicados a la divulgación sobre salud, un pequeño compendio de las causas del contagio por hantavirus y una disección de los conocimientos científicos y epidemiológicos que atañen a esta familia de virus.
Ante todo, parece incuestionable que los hantavirus son microorganismos bien conocidos desde hace varias décadas, con una taxonomía que, a grandes rasgos, los divide en dos grupos, los hantavirus orientales, radicados principalmente en Corea, en la zona del río Hantan, de donde procede el nombre de los virus, y los hantavirus occidentales, endémicos de Argentina, Chile y Uruguay.
Los hantavirus orientales producen enfermedades renales (fiebre hemorrágica) y los occidentales producen enfermedades pulmonares. Como decía, son conocidos hace décadas, producen brotes no muy extensos de forma esporádica y, hasta la fecha, no existe una cura para la infección por hantavirus, siendo el tratamiento conservador y sintomático.
Los reservorios del virus son en todos los casos roedores silvestres (ratones y ratas) y la vía de contagio más frecuente es por inhalación de aire contaminado por orina, heces o saliva de roedores infectados. De forma mucho menos frecuente se puede contagiar por contacto con superficies contaminadas y posterior contacto con boca, nariz u ojos. De forma residual puede haber contagio por mordedura de roedor a un ser humano. Puede asegurarse que la tasa de transmisión de la enfermedad es muy baja. La mayoría de las variantes del virus no se transmiten de persona a persona, salvo una variante endémica del cono sur americano, la variedad "Andes", que parece ser la que ocupa la presente crisis sanitaria por hantavirus.
Dado que los hantavirus presentes en Europa no se transmiten de persona a persona, los contagios se limitan a lo explicado en el párrafo anterior. En cuanto a la variante "Andes", requiere un contacto estrecho y prolongado entre el paciente 0 y los contagiados, lo que se traduce mayoritariamente en unos pocos contagios anuales en los tres países que ya hemos mencionado, según los datos epidemiológicos, si bien parece ser que también se dan casos en EEUU.
En cuanto a la mortalidad causada por el hantavirus Andes, que es el que más nos preocupa en estos momentos, se cifra, según los datos epidemiológicos publicados, en torno a un 25%. La detección precoz de la enfermedad y el tratamiento hospitalario temprano mejoran sustancialmente el pronóstico, si bien el estado general de salud del paciente es un factor decisivo a la hora de pronosticar un desenlace de la infección.
Para la población en general lo más importante es conocer las posibles fuentes de contagio, ampliamente difundidas por canales de información serios en los últimos días, tales como ventilar, proteger boca, nariz y ojos y no limpiar en seco cuando se trate de viviendas rurales con acceso para roedores. También es importante detectar los síntomas tempranos de contagio y acudir a los servicios sanitarios cuanto antes para descartar o tratar el contagio. Es decir, no hay grandes peligros para la población en general a la vista de los datos de los que se dispone hasta el momento.
Dicho lo cual, habría que establecer un trasfondo sociológico, histórico, político si se quiere, de esta nueva crisis sanitaria global. Si bien el alcance no debería ser ni parecido al de la pandemia por coronavirus de 2020, se advierte una tendencia morbosa a equipararlo, sobre todo por parte de los medios de comunicación más o menos sensacionalistas y también de diversas personas catastrofistas, todólogos y personajes políticos de dudosa altura, especialmente en España, donde cualquier ocasión es buena para atacar al enemigo político.
Huelga decir que las disposiciones sanitarias respecto al crucero que transporta a contagiados o posibles contagiados han venido determinadas por la OMS y por recomendaciones epidemiológicas de nuestras autoridades sanitarias. Sin embargo, en un contexto político marcado de forma permanente no por la búsqueda de soluciones, sino por la necesidad de antagonismo y descalificación, todo vale y esta situación de alarma sanitaria se ha convertido en un arma arrojadiza que deja a la opinión pública ciega ante las verdaderas causas del problema.
Históricamente las epidemias y pandemias se han sucedido una época tras otra, siempre han respondido a los cambios en comportamientos humanos, migratorios, de ocio, socio-políticos. En este mundo global en el que vivimos no hay fronteras reales, no hay tiempos adecuados para las respuestas ante las crisis sanitarias, no hay límites frente a ecosistemas antes aislados, todo está homogeneizado y difuso. Por eso hay más zoonosis que en los últimos siglos, por eso las epidemias se propagan con una velocidad de vértigo, por eso las respuestas no son nunca a tiempo ni suficientes.
Es nuestra forma de vivir, de gestionar los recursos, va más allá de lo político y tiene que ver con las fuerzas (financieras casi siempre) que gobiernan de verdad y que no son elegidas. Hay una sutil diferencia con la crisis de 2020, en la que miles de personas anónimas murieron abandonadas y solas. En este brote de una enfermedad mucho menos alarmante los sujetos afectados en ese barco "de expedición" son gente singular, gente que puede gastar decenas de miles de euros en hacer un viaje exclusivo a la Antártida, gente que lleva más de cuatro meses de vacaciones por el cono sur americano y luego va a "explorar". Debería tranquilizarnos saber que la gente corriente no nos movemos en los mismos círculos que los privilegiados que van a "hacer una expedición" a la Antártida.

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