Opinión
Siguen siendo 50 años

2026, sin duda, ha comenzado fuerte. Ha comenzado negando la existencia del derecho internacional, apostando por el neocolonialismo y con una amnesia profunda de las causas y resultados de las dos guerras mundiales.
Desde La Comuna, siempre hemos mantenido que la causa de la memoria es, también, la causa de la defensa de los Derechos Humanos y por eso, en un mundo que se está rearmando aceleradamente y en el que todo cambia tan rápido, vemos los últimos acontecimientos con gran preocupación. Pero no solo desde un plano internacional, sino también desde el plano estatal. Nos preocupa que, cada vez más, para problemas sociales que podrían ser resueltos con políticas progresistas, la solución que da el gobierno actual sea el inmovilismo creando un caldo de cultivo para la extrema derecha y para sectores reaccionarios y rancios que dicen que con Franco se vivía mejor.
El pasado año el Gobierno de España lanzó la campaña "50 años en libertad", que buscaba celebrar que hace 50 años murió Franco y que, con su muerte, llegó la democracia. En principio iba a ser una campaña rimbombante y que se iba a celebrar durante el año 2025 con muchos actos y acciones, sin embargo, muchas de ellas no se han hecho –o han tenido poca repercusión– y, tal vez por ello, alguien ha sido tan brillante como para seguir alargando la campaña a este año. Lo que pasa es que en 2026 se empiezan a cumplir 50 años de crímenes que siguen impunes manchando esa idea de una idílica Transición que nos dicen que fue ejemplar.
Este año hacen 50 años del asesinato de Teófilo del Valle, el 24 de febrero, por seis disparos por la espalda de un Policía Nacional en Elda (Alicante), durante las manifestaciones en apoyo a la huelga del calzado. Unos días antes había fallecido en el hospital de Santa Fe David Wilson, profesor de inglés en Sabadell (Barcelona) tras haber recibido el impacto de una pelota de goma en la cabeza lanzada por la policía, el 19 de febrero, para reprimir las enormes movilizaciones que se venían produciendo desde hacía dos meses en esa ciudad exigiendo la dimisión el alcalde franquista Josep Burrull y la celebración de elecciones municipales democráticas. Este crimen nunca fue investigado. Igualmente, el 3 de marzo, en Vitoria, cinco trabajadores fueron asesinados y más de cien personas fueron heridas de bala por la Policía Nacional, para reprimir una asamblea de trabajadoras y trabajadores en huelga que se realizaba en la iglesia de San Francisco de Asís, del barrio de Zaramaga. Manuel Fraga Iribarne, ex ministro franquista y presidente de honor del PP, era ministro de Gobernación (del Interior) y Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, responsables, por tanto, de la represión brutal de las movilizaciones que se produjeron en estos años para conseguir que se hicieran efectivos los derechos democráticos y laborales tantos años negados por la dictadura. La democracia la consiguieron quienes lucharon por ella arriesgándolo todo, incluso su vida.
Por supuesto, en 1976 y años posteriores, la Dirección General de Seguridad y la policía política de Franco, así como los jueces del TOP seguían en pleno funcionamiento, manteniendo los mismo métodos de represión: la tortura y los encarcelamientos políticos, exactamente igual que antes de la muerte de Franco.
Rodolfo Martín Villa que, con un poco de suerte, y gracias al esfuerzo inmenso de los activistas de las asociaciones de memoria –como La Comuna o Acció Ciutadana contra los crímenes del franquisme al País Valencià y otras–, así como a la inestimable ayuda de los y las abogadas y las personas que trabajan con la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA), tendrá que declarar ante la juez de Elda por el asesinato de Teófilo del Valle. Será un hito histórico porque este cuadro falangista del franquismo y prohombre de la transición lleva años intentando evitar dar explicaciones ante los tribunales sobre los crímenes de lesa humanidad que se produjeron cuando era ministro. Recordemos que sigue imputado en la querella argentina.
Somos muy conscientes de que el Gobierno se interesa por la memoria, pero, hasta ahora, lo que ha demostrado siempre es una gran capacidad de performación. Grandes actos y grandes palabras, pero muy poco para acabar con los restos del franquismo que aún queda en nuestras instituciones y menos para poner los medios y los cambios legislativos necesarios para que las víctimas del franquismo consigan que el Estado cumpla con sus obligaciones para con ellas, esto es: verdad, justicia y reparación. (Aún está pendiente la aprobación de la Ley de Bebés Robados, por ejemplo). Porque no son 50 años de libertad sino 50 años de impunidad.
Recodar nuestra historia, hacerle justicia, no es solamente algo que debamos a las personas que nos precedieron para tener y conservar la democracia en este país, sino que es algo que nos permite avanzar como sociedad y no caer en los brazos del fascismo.
2026 será, sin duda, un año de cambios, un año de discursos agresivos que dan miedo; sin embargo, es precisamente la visión memorialista, la visión de saber lo que ha pasado antes, la que muestra el camino para que, como sociedad, no sigamos por donde nos muestra la extrema derecha, no caigamos en la idea de que una dictadura es aceptable, no aceptemos entrar en una guerra organizada por los poderosos para proteger sus privilegios donde, como siempre, las trabajadoras y trabajadores pondrán los muertos. Porque, al final como se ha dicho mil veces y siempre con razón: sin memoria no hay democracia.
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