Opinión
Sobre las izquierdas y los botellines

Se está instalando entre la ciudadanía, con la oportuna colaboración de los medios, la idea de que un gobierno con presencia de la ultraderecha es la consecuencia directa de "la falta de unidad de la izquierda"; y que dicha desunión es, a su vez, responsabilidad de sus actuales líderes, que no están a la altura, y deben ser sustituidos por alguna figura carismática.
Si la "unidad de la izquierda" es algo tan simple, ¿cómo es que en los países vecinos tampoco se da?; ¿cómo es que es tan difícil la relación entre el Partido Comunista portugués y el Bloco de Esquerda o entre la Francia Insumisa y el PCF?.
Es más, si el problema es de las izquierdas de ámbito estatal, ¿cómo es que los partidos independentistas de izquierdas, como ERC y la CUP, tampoco son capaces de unir fuerzas?
Intentar encontrar soluciones simples a los problemas complejos no suele funcionar. Por eso conviene desglosar un poco la ecuación e ir sustituyendo los dogmas por aproximaciones realistas. La primera de ellas sería en relación al objetivo. Creo que sustituir "unidad de la izquierda" por "cooperación entre las izquierdas", ayudaría a avanzar, al no prejuzgar negativamente la pluralidad de sensibilidades del espacio. También creo que ayudaría a avanzar entender que los actuales líderes de las distintas fuerzas de izquierdas no son peores en su conjunto que los de los países vecinos o los de las fuerzas independentistas.
A partir de esas dos matizaciones, creo que ya tenemos un diagnóstico más realista del problema. No se trata de que la falta de unidad sea consecuencia de unos líderes que, como están quemados, deben ser reemplazados por otros con mejor imagen, En esta vida -y más en la política- la buena imagen se hace y se deshace de un día para otro. Magnífica era la imagen que tenía Pablo Iglesias hace pocos años o Yolanda Díaz hace aún menos. Cualquier imagen se puede destruir en un santiamén en el ecosistema mediático en que nos movemos. Y nunca faltarán Villarejos dispuestos a aportar su granito. Por eso creo que no es conveniente poner todos los huevos en el cesto de un nuevo líder "no quemado".
¿Y entonces? Pues igual habría que cambiar de perspectiva y dejar de valorar negativamente la pluralidad del espacio político y las capacidades de sus líderes; y entender que la cooperación entre diferentes es una rara avis que requiere enormes cuidados. Que las izquierdas alternativas tuvieron un momento de gloria en que consiguieron cooperar de forma virtuosa, llegando a romper la regla implícita que las excluía de los gobiernos europeos. Parte de aquello empezó con algo tan simple como unos botellines compartidos por Pablo Iglesias y Alberto Garzón; unos botellines que sellaban un armisticio, y con los que ganaron ambas partes. Una amplió el liderazgo estratégico del espacio y la otra llegó a tener la mayor cota de poder institucional desde su creación en 1921. Pero, con todo, el principal beneficiario del acuerdo no fueron los que brindaron, sino el partido de Pedro Sánchez, que, si decide agotar la legislatura, se convertirá en el segundo presidente más longevo de la historia democrática. Carambola.
En resumen, que las soluciones no son fáciles, pero que unos botellines igual ayudan más que plantear la jubilación forzosa de los actuales líderes de la izquierda alternativa, que, con sus limitaciones, ha conseguido cosas con las que sus homólogos de los países vecinos se limitan a soñar.
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