Opinión
Soy Sergio Ramos, cuarentón millonario

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
La autoayuda es peor que una ETS. Nos entra en banda por aquí y por allí, por el sector editorial y también por TikTok, para convencernos de que podemos con todo, sí; somos duros y fuertes, como la nalga de un percebe o la keta de Elon Musk, y a nosotros no nos vence ni Dios. Somos hombres, puta, nos gustan las tetas y los coches y las tetas y los puros y los Peaky Blinders y las tetas y el dinero y las tetas y ganar, sí; aunque lo que más nos gusta de ganar no es la victoria, qué va, sino demostrarlo: ¿ves? Te dije que podía con todo, nena. Soy un hombre blanco, rico y conservador – aunque el pelo lo conserve regular, ay –, ¿a qué quieres que te gane?
No, ahora en serio, esta retórica del esfuerzo y las ilusiones que coachs y gurús emplean para sacar las perras a cualquier cuarentón hetero en plena crisis de la mediana edad debe acabar; debemos empezar a perseguir a los imbéciles con dinero y establecer algún tipo de impuesto extra por la vergüenza ajena a todos los millonarios de este país que se pongan creativitos: o pagas una nueva carretera de circunvalación o te quito el micro, tú eliges.
Estos días, el personaje que anda encarnando con alevosía y méritos el estereotipo andante de hombre en crisis de identidad cuarentosa es Sergio Ramos, jugador de fútbol en activo – creo – que ha decidido darle un giro de éxito a su carrera, como cuando Michael Jordan dejó el baloncesto para meterse al beisbol – Dios, qué cruel amanecí hoy –, para probar suerte en el mundillo de la música urbana: el C. Triana, he leído por ahí que lo llaman – va, perdón, ya paro –.
El sevillano ha decidido sacar una cancioncita titulada Cibeles, ya imaginaréis que contiene algún que otro mensaje sibilino – por decir algo – para su viejo club, donde canturrea con menos gracia que una neumonitis química e intenta imitar un estilo que recuerda vagamente, pero muy, muy vagamente, al reguetón de Medellín.
Que haya decidido apostar por este estilo musical tan concreto no es una casualidad, qué va, pues ejemplifica aquella mítica frase pronunciada por todos los padres boomers cuando escuchan un tema de los que le gustan a su hijo, quizá de Bryant Myers o De la rose: “¿esta gilipollez se escucha?”, dirá. “Pero si esto lo puedo hacer yo”. Y va Sergio Ramos y se toma el enunciado literal, toma ya.
La movida que ha hecho Ramos prueba que no hay nada más peligroso que un cuarentón en crisis y con dinero, porque invertirá todo lo necesario para obligar al resto de la población mundial a saborear sus deseos más turbios. Mientras tú, cuarentón mileurista en crisis, solo puedes aspirar a comprarte una moto de segunda mano e iniciar en iVoox un podcast sobre cine que no escucharía ni tu exmujer con una pipa apuntándole a la cabeza, un futbolista profesional como este se permite contratar a Rimas Music, el sello discográfico de Bad Bunny, Little Spain, la productora audiovisual de C. Tangana, y Ovy On The Drums, productor habitual de artistas como Shakira o Myke Towers, para publicar una ridiculez histórica que colapsara la prensa deportiva una semana: que el onanismo se practica de toda la vida en la intimidad, coño.
Si fuéramos un Estado funcional, asignaríamos por oficio un agente de la vergüenza ajena a cada hombre con un patrimonio superior a 100.000 en cuanto le empezara a clarear un poco el pelo.
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