Opinión
El tiro en el pie de Vito Quiles

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
El circo que ha montado el agitador ultraderechista Vito Quiles en las universidades no le está saliendo como esperaba, por mucho que salga a hombros y concentre a decenas de seguidores vitoreándole, desgañitándose a insultos contra los rojos y agitando banderas. Sus apariciones no han sido más que un acto de presencia sin contenido alguno en las que el personaje se reboza en sí mismo adulado por sus fans. No ha habido debate ni discurso, tan solo una concentración de jóvenes canallitas y "políticamente incorrectos" que han encontrado una excusa para juntarse fuera de internet e insultar a los rojos tras un cordón policial.
Estos neofachas han podido comprobar estos días cómo, a pesar de lo que dice la prensa insistentemente de que la juventud se ha vuelto reaccionaria, los jóvenes de izquierdas siguen siendo muchos más y están mucho mejor organizados. Así lo han demostrado en cada aparición de Quiles, dejando en evidencia la capacidad de concentración del agitador y el contenido vacío de su performance. Protegido en todo momento por su propia escolta privada y por la policía, no ha hecho nada más que sonreír a los suyos e insultar a los cientos de estudiantes antifascistas que no han permitido que ponga un pie en ninguna universidad hasta ahora, más allá del parquin.
Cuando se anunció esta gira, que pretendía emular al nuevo mártir de la ultraderecha, el norteamericano Charlie Kirk, nadie dudó de que se trataba de una provocación. Que no venía a debatir ni a explicar nada, como sí hacía el americano a su manera, sino a excitar y movilizar a sus huestes y a retar a sus contrarios a la algarada, eso sí, siempre detrás de la policía. Esta versión cañí de la batalla cultural de la extrema derecha no se puede confrontar solo con palabras, porque él no ha venido a discutir nada, sino a montar un espectáculo. Y porque no se puede discutir con alguien a quien la verdad le resbala y juega en la liga de sus propias mentiras. Y ante esto, que se encuentre con un muro humano que se ríe de él y de sus fans, y le demuestra que la universidad pública sigue siendo un espacio hostil para su odio y sus bulos, es más bien una derrota que una buena campaña como algunos tratan de vendernos.
Aun así, es difícil que un personaje con un ego tan inflado por sus aduladores y por el casito que llevan prestándole la mayoría de los medios de comunicación sea consciente del error que ha cometido. Quienes le han pagado la fiesta -porque estoy convencido de que la gira no ha salido de su bolsillo- no van a admitir que esto les puede ser contraproducente. Al contrario, van a venderlo como una hazaña sin precedentes, como una confrontación directa con el marxismo que infecta las universidades públicas. Porque haber elegido estos espacios para su espectáculo es precisamente porque sabe que todavía son mayoritariamente hostiles a la basura que tratan de esparcir por sus propios canales con total impunidad y el patrocinio de sus amos.
Sin quererlo, Vito ha movilizado a gran parte de los estudiantes, que ya venían motivados tras su implicación con la causa palestina, y ahora asumen la batalla antifascista como parte de su compromiso. Y esto rompe de lleno una vez más esa falsa imagen de la juventud apática y reaccionaria que nos tratan de vender encuestas y medios, estos últimos más pendientes de lo que hacen cuatro nazis dos veces al año que lo que construyen cada día miles de jóvenes militando y participando en causas justas.
Que hay jóvenes fachas no es ninguna novedad. Que Vox les ha ofrecido una causa común y un refugio es cierto, y que las redes supuran a propósito todo ese pus reaccionario, haciéndolos más grandes y más visibles, también. Pero que existe otro mundo paralelo, mucho más activo y comprometido, totalmente autónomo de partidos y think tanks hiperfinanciados como los que promueve la ultraderecha, es una realidad a la que los medios no prestan la mínima atención. Y claro, uno se piensa que todos los jóvenes son unos fachas, y no es así. Ni mucho menos.
Si los medios dedicaran una mínima parte de atención a cada sindicato de barrio que para desahucios, que monta mil actividades en sus propios espacios autogestionados, que se moviliza por la educación pública, contra el genocidio en Palestina, por la vivienda, contra el cambio climático y por muchas otras causas, muchos otros jóvenes se unirían a ellos. Sin embargo, a los medios les resulta más rentable por su espectacularidad sacar a los nazis encapuchados haciendo el mono y levantando la zarpa. La campaña audiovisual de la ultraderecha está envuelta de épica y tiene muy buen presupuesto y gran manufactura, como ya expliqué en otra columna en este medio, pero sin la viralidad de las redes y la atención mediática que se les presta, no daría la impresión de que son muchos más y mejores de los que son en realidad. Saben bien cómo ser noticia y cómo vender su marca, y todo es pura estética, malismo y testosterona, y eso vende mucho más que cooperar con tus vecinos, construir comunidad y ser buena persona.
Ha habido numerosas voces progresistas advirtiendo de que lo de Vito era una provocación, que buscaba precisamente esto, una respuesta en su contra. Que se presentaría como una víctima y que a las ideas se las vence en los debates. Quiles no iba a dar ninguna charla ni a debatir con nadie, y ni siquiera tenía permiso para poner un pie allí. Quizás haya obtenido lo que quería para su campaña de promoción personal, pero no ha ofrecido nada más que espectáculo sin ningún contenido político, a la vez que ha reactivado y visibilizado el antifascismo en la universidad, más vivo que nunca.
Que la juventud haya tomado la iniciativa ante una ultraderecha que se erige hoy mediante su eterno teatro como vencedora nos debería alegrar y dar esperanza. No hay ninguna fórmula mágica para combatir a la extrema derecha, pero en este caso, la decisión pertenece a los estudiantes. Los errores y las incomparecencias de quienes hoy advierten sobre este nuevo fascismo las están corrigiendo hoy estos chavales, y aunque el desinformador de turno se monte su propia película, y los medios sigan promocionando a este payaso, estoy seguro de que la semilla antifascista que ha sembrado sin quererlo será un problema para él y para los suyos en un futuro.
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