Opinión
Trump y el Gran Garrote

Por Miguel Urbán
-Actualizado a
Hace poco más de doscientos años, el presidente de los EEUU, James Monroe, expuso ante el Congreso un discurso que sentó las bases políticas que han guiado el expansionismo y la protección de los intereses económicos internacionales estadounidenses hasta la fecha. Había nacido la conocida como Doctrina Monroe. En donde el famoso "América para los americanos", que expresó Monroe como una supuesta defensa de la independencia de las naciones —aplaudida incluso por Simón Bolívar—, se transformó en una política deliberada y constante por intentar convertir a Latinoamérica en el "patio trasero" de Washington.
En nombre de la Doctrina Monroe, en los dos últimos siglos ha habido numerosas intervenciones políticas, militares y económicas estadounidenses en América Latina. El presidente James K. Polk (1845-1849) invadió México, obligándola a ceder el 55% de su territorio. También ocupó en varios momentos República Dominicana y Panamá; el presidente Rutherford B. Hayes (1877-1881) hizo su propia interpretación de la Doctrina Monroe cuando declaró a Centroamérica y el Caribe como región de influencia exclusiva de EEUU, con Nicaragua y Panamá ya claves en el comercio entre el Pacífico y el Atlántico; y durante la Guerra Fría, los diferentes presidentes de EEUU "invocaron el peligro comunista" para justificar sus numerosas intervenciones en América Latina, con invasiones militares directas y auspiciando golpes de Estado desde Guatemala a Chile.
Aunque sería Theodore Roosevelt (1901-1909) el presidente clave para convertir su país en potencia internacional a principios del siglo XX. Puso fin a la guerra ruso-japonesa gracias a un tratado firmado en EEUU, inició la construcción del canal de Panamá al margen del Congreso y estableció el "corolario" más importante de la Doctrina Monroe. Aprovechando el bloqueo naval a Venezuela por parte de Alemania, Reino Unido e Italia, que reclamaban las deudas contraídas por el Gobierno sudamericano, el presidente norteamericano se erigió como mediador de la situación, asegurando el pago venezolano a las potencias europeas, mientras afirmaba el "derecho" de los EEUU a intervenir en los asuntos internos de una nación latinoamericana si esta cometía "faltas flagrantes". Dando lugar a la conocida como teoría del Gran Garrote, en donde los EEUU comenzaron a erigirse como la Policía del mundo. Una política internacional que convirtió a Theodore Roosevelt en el padre del imperialismo norteamericano.
A estas alturas, seguramente se estarán preguntando qué tiene todo esto que ver con Donald Trump; pues la verdad es que mucho. No solo porque Theodore Roosevelt fuera neoyorquino como Trump o incluso uno de sus presidentes favoritos. De hecho, tras el atentado contra Trump durante un mitin electoral en Pensilvania, Elon Musk lo comparó con Theodore Roosevelt, a quien un loco le disparó en el pecho (también en campaña presidencial). Sino porque Trump, obsesionado con recuperar la grandeza perdida del imperio norteamericano con su "America Great Again", parece estar dando los pasos necesarios para reactualizar la política del Gran Garrote de Roosevelt en pleno siglo XXI.
En este sentido, la semana pasada The New York Times destapaba que Trump había firmado en secreto una directiva dirigida al Pentágono para que comenzara a utilizar la fuerza militar contra determinados cárteles de la droga latinoamericanos que su Gobierno ha considerado organizaciones terroristas. Una orden que proporciona una base oficial para la posibilidad de albergar operaciones militares directas en el mar y en suelo extranjero contra los cárteles.
Unos meses antes, en febrero de este año, la Administración Trump designó como organizaciones terroristas internacionales a seis cárteles mexicanos (el Cártel de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Cárteles Unidos, el Cártel del Noroeste, Cártel del Golfo y La Nueva Familia Michoacana) y dos pandillas: Tren de Aragua y la Mara Salvatrucha. Hace dos semanas, el Gobierno de Trump incluyó en esta lista de grupos terroristas globales al Cártel de los Soles venezolano y afirmó que el cártel está dirigido por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y otros altos cargos de su Gobierno.
Esta decisión fue mucho más que un simple cambio de nomenclatura. Como explicó el secretario de Estado, Marco Rubio, "lo que cambia es que nos da la autoridad legal para apuntar a estos (los cárteles) de manera que no se puede hacer si fueran solamente un montón de delincuentes". Ya no es un asunto de la Policía. Se convierte en un asunto de seguridad nacional". Una decisión que permite a Trump ordenar acciones militares unilaterales sin aval del Congreso.
Casi treinta y seis años antes, un presidente norteamericano, George H. W. Bush, ya utilizó una autorización parecida para enviar 20.000 soldados a invadir Panamá en 1989 en la operación conocida como Causa Justa. En esa intervención, Estados Unidos derrocó y capturó al presidente Manuel Antonio Noriega y lo deportó a Norteamérica para enfrentar cargos de narcotráfico. En este sentido, cobra más importancia la designación, por parte de los Departamentos de Justicia y de Estado, de Maduro como jefe de un cártel, y las declaraciones recientes de la fiscal general, Pam Bondi, al calificar a Maduro como "uno de los narcotraficantes más grandes del mundo y una amenaza a nuestra seguridad nacional". Una serie de declaraciones que podrían estar preparando el escenario para una acción militar.
De hecho, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha tenido que salir al paso de las informaciones publicadas por The New York Times sobre los planes de Trump, asegurando que militares de Estados Unidos no van a intervenir dentro del territorio mexicano. Mientras, el presidente norteamericano ya hizo público en mayo que planteó a Sheinbaum la posibilidad de enviar tropas a México para combatir a los cárteles, a la que acusó, con su tradicional actitud controversial, de estar paralizada por su miedo a los criminales.
Theodore Roosevelt adoptó la consigna del Gran Garrote de un dicho africano que aseveraba que, para negociar, "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos". Y vaya si llegó lejos: bajo esa máxima, EEUU consolidó su papel no solo como potencia hegemónica en el continente, sino que inauguró una política exterior de Policía internacional al servicio de sus intereses imperiales. Más de un siglo después, Trump, con su máxima de hacer grande América otra vez, quiere seguir ampliando la sombra de ese Gran Garrote que se cierne sobre América Latina. Pero sin hablar suavemente, Trump prefiere su tradicional aptitud de matón inmobiliario neoyorquino que tanto confunde a propios como a extraños sobre sus verdaderas intenciones. En los próximos meses comprobaremos cuánto de Grande es el Garrote con el que Trump quiere volver a transformar a América Latina en su patio trasero.

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