Opinión
Y vendieron que el feminismo era censura

Periodista
Años vendiendo la idea de que el feminismo es un censor de ideas, que no se puede decir nada, o que antes había más libertad para expresarse. Pero al final los hechos son los que son. Como que ha tenido que dimitir una concejala del PP de Collado Villalba tras prohibir un monólogo feminista por el 8M. Antes de la dimisión pidió disculpas en un tuit, donde expresaba que su intención "en ningún momento fue limitar derechos, sino defender unos valores que considero fundamentales." ¿Cuáles? En el escenario se estaba interpretando un monólogo donde se hablaba del aborto. Y así la concejala subió e interrumpió por decisión propia la obra de teatro programada. El PP de Madrid criticó su actuación ante lo que era una representación cultural. Lo que no sé es si la ya ex concejal estuvo muy de acuerdo en su decisión de dejar su puesto o ha sido más presión del partido porque poco tiempo después de publicarse la decisión, esta compartió en sus redes un mensaje que decía "ninguna mujer debería aceptar ni permitir que una femicomunista le diga cómo ha de ser, sentir y pensar como mujer".
El caso no ha dejado de tener su aquel porque justo antes de todo también había publicado un tuit sobre el Día de la Mujer. Y en él señalaba como su referente a Isabel Díaz Ayuso. La presidenta que usa tanto el concepto de "libertad". La misma para la que Estados Unidos es el faro del mundo libre, y quiere dar al país una medalla de la Comunidad de Madrid justo ahora, con Donald Trump al frente. Un presidente que, además de ser condenado, tiene en su haber no sólo no haber acabado con ninguna guerra sino que, entre otros desastres, ha prohibido en las escuelas públicas de Estados Unidos casi 7.000 libros en el último año. Entre ellos, obras a las que definen como "el extremismo de ideología de género". Algunas de las obras retiradas: El cuento de la criada, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami o Sin aliento. Ya pueden ver, muy "peligrosos". Qué poco sale en tertulias de programas y podcast de liberales esta restricción de la cultura. Lo que demuestra quién maneja los flujos de poder en la comunicación mundial.
Aunque también está el interés por no mostrar la realidad. Hace unos días Alvise quemaba en una hoguera la ley de violencia de género, pero poco revuelo ha causado en tertulias que parecen querer o blanquear o no advertir de lo que se nos viene encima entre alianzas y pactos. Y lo de cortar la cultura si no les gusta, no es nuevo. Recuerden que en las primeras semanas de los gobiernos PP-Vox varios ayuntamientos donde Vox llevaba el área de cultura cancelaron obras o espectáculos. O cuando en Burriana, un concejal de Vox rechazó incorporar a la biblioteca las películas Barbie y 20.000 especies de abejas.
Con todo esto recordaba la polémica que surgió hace años, cuando las mismas tertulias que ahora callan o delegan estos hechos más que simbólicos contra la libertad y la cultura, daban a bombo y platillo que una escuela pública catalana retiraba de su biblioteca Caperucita Roja. Días después llegó un nuevo titular: "La escuela Tàber de Barcelona aclara que no han retirado La Caperucita Roja". Pero que ya ni se comentó en tertulias porque la idea de vender que el feminismo era censura ya había colado. Nadie rectificó. Lo que había hecho el centro era un análisis con perspectiva de género. El cuento solo pasaba de parvulario a primaria, y la evaluación de la biblioteca se hizo porque los padres reclamaban libros sin estereotipos.
Al final, durante años nos vendieron la historia de que el feminismo era el censor. Pero cuando miramos los hechos, los escenarios interrumpidos y los libros retirados, la censura aparece siempre en el mismo lado.
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