Opinión
Una ventana de oportunidad

Directora de la Fundación PorCausa
-Actualizado a
"He conocido a mucha gente muy muy rica, me he acostado con alguna de ellas, y yo sé que, cuando realmente te pones a ello, y, lo sé por mí porque ahora estoy cerca del final, no va a ser el dinero el que te permita irte feliz, sino estar rodeada de amor, gente que te quiere, no gente que has comprado". Con estas declaraciones durante el Festival de las Ideas de Aspen, Jane Fonda resumía lo que se ha convertido en el eje del cambio sistémico actual. El insoportable peso del capitalismo feroz que ahora se expresa en extremos: los súper ricos contra el resto. No se trata de algo nuevo en sí mismo pero sí es la primera vez que este debate reúne a personas de todas las generaciones. La primera vez que se habló de paz y amor fue en los movimientos de los años 60, donde las voces que se alzaron eran jóvenes. Las personas mayores en aquella época habían sobrevivido a dos guerras mundiales y a un crack económico global en el 29 y estaban a otra cosa. Sin embargo, las jóvenes de los sesenta y setenta, como Jane Fonda, que lideraron la lucha por los derechos civiles en aquel entonces, forman parte de este nuevo movimiento crítico que pretende poner en primer lugar el bien común.
La sensación de que este cambio de paradigma es indispensable lleva presente en las personas desde aquellos años de los hippies. Ese movimiento en sus diferentes formas, que incluye el mayo del 68 en Europa, impulsó en el mundo occidental una gran cantidad de avances en derechos civiles. Desde entonces, ha seguido habiendo con cierta regularidad, despertares más o menos discretos. En España tuvimos desde el fin de la dictadura, las acampadas del 0,7% en los 90, la revolución de con V de vivienda y la creación de la PAH en los 2000 muy vinculados ambos a las mareas y al famoso 15M en 2011. Es decir, que la sociedad nunca ha dejado de luchar por conseguir un mundo más justo y equitativo. Pero la sobre información, que nos ha tenido un poco perdidas durante los últimos diez años, ahora está permitiendo que la indignación ciudadana se enfoque de una forma más estratégica e inteligente.
El epítome de todo esto se encuentra ahora mismo en Estados Unidos. Donald Trump acaba de cumplir un año en el Gobierno y ya no queda la menor duda de que está gobernando de forma autoritaria, ilegal y en busca exclusivamente de un beneficio propio. Tampoco hay duda sobre la estrecha relación que existe entre el poder del presidente y las fortunas multimillonarias en su gran mayoría relacionadas con las empresas de tecnología. Un grupo muy pequeño de personas extremadamente ricas, más ricas de lo que nunca nadie fue antes, ha conseguido gobernar el mundo con el único fin de hacerse con todavía más dinero. Y en este espacio el presidente ha estirado el sistema hasta límites insospechados, acabando con la invasión ilegal de un país -ilegal en todos los términos, nacionales en Estados Unidos ya que no tenía el consentimiento indispensable del Congreso para llevar a cabo una acción de estas características, e ilegal en términos de derecho internacional-, seguido del asesinato de una civil por parte de las que se han convertido en ejercito privado del presidente, el equipo de ICE, pese a ser teóricamente el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas.
La respuesta del pueblo estadounidense está siendo impresionante. Desde la política está el surgimiento imparable del socialismo demócrata que no para de ganar elecciones, liderado por Bernie Sanders. Desde los movimientos sociales se han protagonizado las mayores manifestaciones de la historia. Y hay historias fascinantes como las de los activistas de Portland que se manifiestan vestidos con disfraces hinchables. El contraste entre la dureza de los agentes de ICE y la amabilidad del grupo de ranas, unicornios o triceratops parece una metáfora de la lucha que representan.
Evidentemente queda mucho trabajo por hacer, pero la ventana de oportunidad existe realmente. Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, ya ha anunciado su plan de protección de la vivienda que combina el control en el parque existente y construcción de más unidades, y ha presentado el plan de salud universal para niños menores de dos años. En apenas diez días de mandato ha legislado más que cualquiera de sus predecesores en tres meses. Es decir, que se pueden hacer las cosas de un modo diferente y no debemos dejar de luchar, con paciencia y tesón, por ver esos cambios en todos los espacios que ocupamos. Tenemos la capacidad y el nivel de desarrollo suficientes para cambiar de modelo socioeconómico. No va a ser fácil, pero si es posible, y ahora, tenemos esa ventana. Aprovechémosla.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.