Opinión
La verdad contra Javier Negre

Por Toni Mejías
Periodista
Llevamos años debatiendo sobre la libertad de expresión, aunque la realidad es que para lo único que ha servido este debate es para silenciar voces disruptivas y nunca a las quienes sostienen al sistema, por mucho que estos se hagan los primeros perseguidos. Rápidamente, en los inicios de esta disyuntiva, se habló de comedia, de música o de las redes sociales, pero muy poco se puso el foco en los medios de comunicación entendiéndolos como un ente superior que nunca fallaría a su código deontológico. La realidad es que se ha condenado a músicos y tuiteros a cárcel y se ha perseguido a comediantes o titiriteros cuando el principal problema para la paz social y la democracia ha sido la ebullición de pseudomedios difusores del bulo, la propaganda y el odio. También en canales tradicionales con audiencias masivas se ha instalado la mentira, la desinformación y la difusión de ideas reaccionarias porque da rentabilidad económica y política. Y ahora a ver quién es el guapo capaz de frenar esta máquina de convertir a ciudadanos en auténticos sociópatas que ven enemigos en todas partes menos donde toca.
En EEUU, como casi siempre, es donde se ha llevado la iniciativa para convertir el país en bulolandia. Siempre se habla de que otros gobiernos no alineados a sus intereses son los que manipulan y persiguen disidentes, cuando las potencias occidentales son las primeras interesadas en que la mentira se instale y lo han conseguido hasta el punto de que la verdad ya no duela ni indigne. Un ejemplo claro es el de Alex Jones, un propagandista de extrema derecha que llegó a afirmar que las víctimas de un tiroteo en una escuela infantil estadounidense eran actores y sus padres cómplices de la mentira. Esto provocó que sus seguidores fueran a increpar a estos progenitores que habían perdido a su hijos pequeños a tiros. El documental La verdad contra Alex Jones cuenta el juicio contra el difamador por la denuncia de los familiares de las víctimas y cómo finalmente terminó en condena. Lo que no cuenta es que ni las enormes multas impuestas frenaron al extremista que hoy día sigue con sus campañas de odio y bulo y no se ha visto afectado para nada con la condena y sigue generando nuevos seguidores y más dinero.
Estos propagandistas son los que han logrado que tipos despreciables como Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina o Kast en Chile lleguen al poder. No solo han hecho de la mentira una forma de vida, sino que han permitido que la verdad ya no duela. Cuando todo es distópico, exagerado, inverosímil, histórico… nada lo es. Cuando cualquier información falsa aportada por estos personajes comienza a ser creíble para millones de personas, la realidad ya no es tan sorprendente. Por ello puede Donad Trump montar un operativo militar para secuestrar al presidente de otro país soberano y no solo no recibe crítica, sino que tiene un gran respaldo de ciudadanos y gobernantes. Ni siquiera debe disimular como antaño diciendo que lo hace por la democracia y la libertad, sino que habla directamente de petróleo y de controlar los recursos naturales del país y que si los nuevos dirigentes no hacen caso, atacará. También ha amenazado a los gobiernos progresistas de Colombia y México y dio su respaldo personal y económico a los candidatos ultraderechistas de Argentina y Honduras condicionado así los comicios allí celebrados. Curiosa democracia la que quiere volver a controlar su patio trasero por la fuerza o por la pleitesía.
También esta semana vimos cómo la policía migratoria (ICE) de Trump asesinaba a una ciudadana estadounidense a sangre fría. Con la ejecución grabada y a vista de todos, se niegan a aceptar la realidad, cuentan un relato alternativo y sus seguidores lo creen sin cuestionar ni lo más mínimo. Pensando que ellos están al lado correcto del gatillo, cuando es más probable que estén más cerca del lado de la boca del arma. La ciencia ficción más exagerada se ha convertido en la normalidad y eso se debe a la cantidad de bulos propagandísticos que han inhabilitado la capacidad de asombrarse o indignarse a una mayoría ciudadana. Y si en Estados Unidos tienen a Alex Jones, en España tenemos a Vito Quiles o Javier Negre haciendo ese trabajo. Este último ya incluso lamiendo la bota de Donald Trump a cambio de unos míseros dólares. Difundiendo bulos sin control y escribiendo titulares como "una zurda enferma mental intentó atropellar un agente del ICE" para justificar el asesinato de la mujer abatida por esta especie de policía paramilitar. Es solo un ejemplo, casi todo su diario se compone de titulares llenos de insultos, calumnias y señalamientos. Todo financiado por la extrema derecha argentina, estadounidense y cómo no, española. Ingentes cantidades de dinero de VOX y del PP que reciben estos pseudomedios para lograr que sus medidas más locas parezcan casi socialdemocracia.
No sabemos si algún día se celebrará aquí un juicio como el de Alex Jones contra estos propagandistas disfrazados de periodistas intrépidos. O si en algún momento se legislará para prohibir la financiación pública y la tolerancia absoluta hacia estos pseudomedios mamporreros que solo tienen el deber de generar odio y caos. Tal vez todo llegue demasiado tarde, cuando ya se haya normalizado tanto la mentira que los ciudadanos duden de lo más básico. Cuando junto a un Alvise llegue un Ángel Gaitán o un Iker Jiménez y opten a cargos públicos. De momento saben que son más necesarios y peligrosos al otro lado, fingiendo ser perseguidos y peligrosos. Pero si la mentira se instala, se sigue creyendo que Franco era un demócrata y que con él se vivía mejor y que lo que hace falta es mano dura, nos encontraremos en una dictadura que no hizo falta imponer por la fuerza. Y ahí seremos nosotros quienes no podremos decir nada y no vendrá ningún Trump a salvarnos. Ni por petróleo ni por vino ni por paella. Porque se lo daremos todo en bandeja de plata. Salvémonos nosotros que aún estamos a tiempo.
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