Opinión
La misma vieja cuestión en tiempos de IA: ¿a quién decidimos creer?

Periodista y escritora
Nos gusta encontrar en los medios de comunicación la confirmación de aquello que creemos. Necesitamos tener razón, no por egolatría o un empeño infantil, sino para mantener viva la esperanza en estos tiempos, cuando ahí cerca, a un palmo de casa, vemos avanzar unas tinieblas que no conocíamos. No es nada nuevo; por eso una parte de la población escucha a Federico Jiménez Losantos y otra, a Àngels Barceló; por eso una parte la población lee OKDiario y otra, Público; por eso una parte de la población no lee ni escucha nada.
La mujer sentada a mi lado es una buena amiga que hace tiempo que entró en la cincuentena. Detesta la crueldad y la injusticia, aunque no es amiga de las manifestaciones ni participa en movimientos sociales organizados. Es estricta en el cumplimiento de sus deberes ciudadanos y defiende lo público con uñas y dientes. En estos momentos detesta a Trump por encima de todas las cosas y trata de ganarse la vida en una sociedad que arrincona a las mujeres de nuestra edad.
Sentadas en una de esas pausas que te permites los viernes tras una semana laboral dura, hablamos sobre los asesinatos ocurridos en Mineápolis. Poco antes, he visto en las redes sociales las imágenes de una enorme manifestación allí, lo que parecen cientos de miles de personas abarrotando una gran avenida y gritando al unísono contra el ICE, la policía fascista de Estados Unidos. No es un gesto habitual en mí y, sin embargo, su pesadumbre me lleva a recuperar ese vídeo, imagino que para subirle el ánimo. O sencillamente porque lo he visto.
—Eso es IA.
Me pasma la rotundidad de su respuesta. No hay asomo de duda en sus palabras. En ese momento me doy cuenta de que yo debería poder responderle que no, que esas imágenes son reales. Debería porque soy periodista, pero sobre todo, porque acabo de mostrárselas como algo real, algo que ha sucedido de verdad. Pero no puedo. Busco alguna otra imagen y me aparece el enfrentamiento entre un policía de Nueva York y un miembro del ICE.
—¿Ves?, me responde.—Eso es IA también.
Ella, en realidad, no está tan segura de que que las imágenes sean falsas como indica su tono fatalista y esa media sonrisa. Pero ese no es el problema. El problema, no menor, es que desde el momento en el que expresa la duda, yo dejo de manejar la verdad que creía saber. Seguimos hablando de otras cosas, como si no hubiera pasado nada, como si yo no tuviera una rata incómoda royéndome la conciencia y las certezas. Para ahuyentarla, me digo a mí misma que en cuanto llegue a casa buscaré en las agencias internacionales información sobre el asunto.
Efectivamente, es lo primero que hago. Es ya de noche aquí y las agencias hablan de "miles" de personas en las calles. La agencia Reuters informa de que "Miles de personas se manifiestan en Minnesota y en todo Estados Unidos para protestar contra ICE". Pienso que "miles" no son "cientos de miles”. La diferencia, en términos periodísticos, es sustancial. Una, que ha participado en la organización de suficientes manifestaciones como para saberlo, recuerda el desencanto al día siguiente cuando los titulares dicen "cientos" y tú has contado "miles", o cuando dicen "miles" y tú sabes que, de alguna manera, "miles" es lo contrario de "cientos de miles".
En la imagen que mostré a mi amiga se veían, sin duda, cientos de miles de manifestantes. Una cámara, supongo que un dron, recorría desde el cielo la enorme avenida y la multitud apiñada parecía no tener fin. Entonces, la duda es doble. Primera duda: ¿la imagen era una mentira fabricada con IA o era real? Segunda: ¿eran verdaderamente "cientos de miles" y los medios de comunicación publican que eran sólo "miles" por alguna razón espuria?
Minnesota tiene una población de más de cinco millones y medio de habitantes. La noticia habla de Minnesota y de "todo Estados Unidos". De estos asuntos me ocupo, contando con los dedos, porque una buena amiga me ha puesto ante las narices la duda. No la suya, la de una gran parte de la población: ¿Lo que vemos es real? Y más: ¿Hasta que punto lo convierte en real esa necesidad nuestra de encontrar confirmación a lo que creemos, a lo que deseamos, a esta necesidad de una mínima esperanza?
Después me percato de que, a fin de cuentas, tampoco hay tanta diferencia con lo que sucedía en los tiempos anteriores a la IA. Es decir, que la pregunta que late bajo todo este asunto es a quién elegimos creer y por qué razones. Aunque sepamos que es mentira. Probablemente para mantenernos en pie.
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