Opinión
Los tuyos violan peor que los míos

Por Marta Nebot
Periodista
Hay verbos más difíciles de conjugar que otros. El verbo violar es dificilísimo. Lo conjugamos más en negativo. Yo no violo, tú no violas, él no viola, nosotros no violamos, vosotros no violáis, ellos ¿no violan? Sin embargo, alguien tiene que estar haciéndolo...
En España una de cada cinco mujeres mayores de 16 años ha sufrido violencia sexual al menos una vez, según la última macroencuesta sobre violencia de género del Ministerio de Igualdad. En este país se cometen catorce violaciones diarias, seis de ellas contra niñas menores de trece años, según el de Interior. Cada día la Policía detiene de media a nueve violadores y la violencia sexual no ha parado de crecer -o de hacerse visible- desde que en 2018 empezaron a hacerse informes anuales sobre los delitos contra la libertad sexual.
Esta semana hemos descubierto un nuevo presuntísimo (presunto + famosísimo) que, aunque no se le acusa de actuar en suelo patrio, aquí es donde la Audiencia Nacional está estudiando el caso del hombre que ostenta una de las 150 fortunas más grandes del mundo. Un ídolo de la derecha. Un ídolo de mujeres y hombres de medio mundo. El todoseductorconquistador “cantante más universal”: Julio Iglesias.
El caso es particularmente monstruoso. La investigación de eldiario.es y Univisión que lo ha destapado es particularmente meticulosa -por la cuenta que les trae a los compañeros que se han atrevido a cubrir el caso con el consiguiente riesgo de querellas millonarias-. Tres años de investigación, más de quince testimonios y las pruebas que aportan la acreditan. No fue una vez. No fue un calentón. La acusación relata episodios continuados de esclavitud sexual y afirma que puede seguir ocurriendo con otras víctimas mientras lees esto. Entre los delitos que investigará la Justicia está el de trata.
El caso es que pocas horas después de que saliera la noticia La Presidenta puso este tuit que no deja lugar a dudas y da lugar a esta pieza. Ejemplifica lo que es posible que pase en muchas cabezas, lo que hace tiempo que surgió de nuestra debilidad y de una estrategia política muy concreta y por ahora exitosa.
Todo es increíble en esta declaración y un insulto a la inteligencia colectiva si se pasa por la cabeza, en vez de por los carnés o las camisetas y las tripas.
¿Sólo se viola en Irán? ¿Quiénes se callan sobre lo que sufren las mujeres en regímenes como ése, por ejemplo en países donde España celebra la Supercopa? ¿La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio del “cantante más universal de todos”? ¿Jamás? ¿Aunque finalmente termine condenado? ¿O es que no cree que sea posible esa sentencia por ser quien es el acusado?
Estamos ante lo que pasa cuando el que viola -presuntamente, claro- es el tuyo. Lo más fácil, la más habitual, lo primero es negarlo.
Vean Pubertad, de la gran Leticia Dolera para verlo más claro. La estigmatización social de los presuntos y de cualquiera que tenga o haya tenido algo que ver con ellos en su vida es otra patada a la inteligencia.
¿Es Pilar Alegría culpable por haber comido con Francisco José Salazar, por lo que hacía a sus espaldas? ¿Es Miranda Iglesias culpable de las presunciones del que súper canta, ejecutadas cuando ella no estaba? ¿Hay que poner bajo sospecha a todo el que haya dado fuego alguna vez al alcalde de Algeciras (PP) o al expresidente de la diputación de Lugo (PSOE) o al ex responsable de redes de Vox? ¿Hay que pedir de vuelta las medallas y las condecoraciones a la media hora, cuando el proceso judicial acaba de empezar?
El coste de cada caso -sobre todo los mediáticos- es tan alto. Paga tanta gente, tanto, tanto, que se hacen imposibles por escurrir el bulto, por señalar o subrayar a los violadores de los otros mientras se niegan o minimizan los propios. Es tan demencial que estemos comprando este modus operandi que va contra los intereses de las víctimas de cada día que votan de todo.
Asumamos los datos. Asumamos lo que dice la Policía y la Justicia, no solo las feministas. La cultura de la violación -por más que el nombre duela, por más que nos cueste conjugar el verbo y el sustantivo- estaba por todas partes hasta hace muy poco, era “normal” y queda en muchos sitios. Y para desterrarla hay que llamarla por su nombre, hay que reconocerla y aplaudir que se señale y poner los cauces para que así sea, sin pretender que por eso caiga todo el que alguna vez estuvo cerca. Cerca estamos todos, todo el tiempo. La cultura es omnipresente, está en el aire, es los esquemas previos con los que pensamos sabiéndolo o no.
Por eso estos casos mediáticos son trascendentales porque hacen/deshacen relato/cultura. Y por eso la presunción de inocencia de súper Julio tiene que prevalecer tanto como la de las súper mujeres que denuncian. Poner denuncias falsas es también delito; hacerlo contra alguien tan poderoso puede ser heroico y/o suicida.
Esta vez los hechos no han prescrito. Esta vez el caso puede terminar en una sentencia firme más difícil de acallar que una investigación periodística de delitos caducados, como ocurrió con el "hermano yo sí te creo" para Plácido Domingo, del Teatro Real lleno en pie ovacionándolo, como si no se pudiera cantar bien en el escenario y agredir a mujeres en los camerinos, como si los violadores -presuntos o confirmados- nunca fueran nuestros, como si los nuestros violaran mejor que los otros.
Y la crítica a llamar a la unidad de las mujeres en esto, por encima de ideologías, puede ser y es utilizada en la refriega política de una manera tan absurda como oportunista. Las mujeres conseguimos más juntas porque somos más y en esto podemos ser mayoría absoluta. La historia del feminismo y sus avances legislativos que -por supuesto- son patrimonio de la izquierda no debería servir para dejar de avanzar en asuntos cruciales en los que podemos unir a las mujeres de todo signo.
El Pacto de Estado contra la Violencia de Género de 2017, la huelga feminista de 2018 que paralizó el país y fue modelo seguido en el mundo entero son ejemplos obvios de lo que digo. Y esto no quiere decir ni un poco que haya que enterrar o diluir las diferencias ideológicas. Lo que digo es que nos maltratan, nos violan y nos matan y contra eso -que es urgente y aquí y ahora- no intentarlo todo es irresponsable, sectario e idiota. Somos mucho más listas que eso, estamos llamadas a hacerlo distinto y mejor que ellos.
Ni los nuestros violan mejor que los de los otros, ni vamos a avanzar mucho en esto sin recuperar la unidad del movimiento feminista en lo que podemos aunar voluntades y luchas.
Por supuesto que el feminismo nació y creció en la izquierda. Por supuesto que mi feminismo está a este lado y ahí se va a quedar. Pero si puedo llamar a las del otro a la decencia, a unirse a la causa en la que sé que no hay razón para no hacerlo, lo haré hoy, mañana y pasado. Eso es política. Eso es buscar la manera de que las cosas sucedan.
El violador eres tú, como cantaban las Tesis. Más del 98% de las violaciones son cometidas por hombres aquí y en el mundo entero. Y las violadas somos nosotras, votemos lo que votemos.
Por favor, volvamos a conseguir grandes cosas en vez de grandes broncas.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.