Opinión
Vito Quiles contra la adversidad

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Hay mucha gente que le reprocha a Vito Quiles no haber acabado la carrera, como si para ser periodista se necesitara el título o como si Vito Quiles no pudiera agenciarse un doctorado en Periodismo en cualquiera de esas universidades de chichinabo que rifan los conocimientos en cómodos plazos. Lo que Salamanca no da, Aravaca te lo presta. El periodismo es una pasión insaciable, dijo García Márquez, aunque luego añadió que "sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad". Cada uno sigue las enseñanzas de los grandes maestros a su modo y así, mientras García Márquez empezó escribiendo crónicas y reportajes hasta desembocar en Macondo, Vito ha decidido recorrer el camino a la inversa. De momento, prefiere entrenarse en el realismo mágico, practicando un periodismo de ficción en el que, en vez de mariposas amarillas, lo persiguen banderas rojigualdas decoradas con un pollo.
Sin embargo, más que García Márquez, Kapuscinski o Leguineche, la verdadera inspiración de Vito Quiles parece ser Frank Cuesta, un naturalista que, más que estudiar a los animales, se dedica a incordiarlos. Micrófono en mano, Vito se introduce en las inmediaciones del Congreso -el hábitat natural de los políticos- y le mete la alcachofa en las narices a cualquier ejemplar más o menos de izquierdas con la esperanza de llevarse un revolcón o un exabrupto del que luego pueda presumir en las redes para optar al Pulitzer. Una vez apareció en la presentación de mi novela sobre Sonja Graf, la gran ajedrecista de origen alemán, sin que le importara una mierda ni la literatura ni el ajedrez ni mucho menos yo, sino Irene Montero, que era la encargada de presentar el libro. Rufián es uno de los pocos capaces de sobrellevar una entrevista de Vito Quiles, que es como aguantar a un moscardón de sesenta y pico kilos zumbándote todo el rato en la oreja.
Su última ocurrencia consiste en una gira por las universidades españolas no se sabe muy bien para qué, aparte de para montar el pollo en todos los sentidos del término. Un periodista honesto se limita a salir a la calle y dar fe de lo que ocurre, pero Vito va mucho más allá de lo exigido por la profesión y ahora ha cambiado el micrófono por el megáfono, un instrumento mucho más acorde con su verdadera vocación: la de afilador. Mientras Kapuscinski o Leguineche se perdían entre la gente para descubrir una noticia, Vito Quiles se presenta ante una muchedumbre de estudiantes aupado por sus matones para transformarse a sí mismo en noticia. Como la mentira y la manipulación se le han quedado pequeñas, ahora usa también el insulto y la provocación, bien resguardado de posibles ataques a su integridad física gracias a su cohorte pretoriana y a la simpatía que despierta entre las fuerzas de orden público. En una de las movidas que organizó, yo mismo vi no sólo a tres o cuatro lecheras de la policía acudiendo a su llamada de auxilio en menos de tres minutos, sino que asistí a la tranquilidad con que se ponía a bromear con los policías como si fuesen colegas de toda la vida.
Con mucho menos de lo que tiene Vito encima, Hollywood ya habría producido y estrenado varias películas de ésas en las que un héroe lastrado por una tara (o por varias) hace frente a su destino. No sé, un chaval bajito y cojo que se empeña en triunfar en la NBA o un tetrapléjico sordo de nacimiento empeñado en dirigir a la Orquesta Sinfónica de Chicago. Es verdad que Vito (el nombre es premonitorio) tiene padrinos poderosos que le financian todas sus gilipolleces, pero hace falta una fuerza de voluntad hercúlea para querer seguir siendo el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro, retransmitiendo además la ceremonia en directo. Dicen que Puigdemont tenía un historiador de guardia que iba recogiendo para la posteridad todos sus pronunciamientos en el exilio, al estilo de aquel pintamonas que acompañaba a Bob el Inglés en Sin perdón para no perder ripio de sus hazañas. Vete tú a saber, pero Vito Quiles zumbando todo el día a la oreja de Puigdemont sería un espectáculo histórico.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.