Opinión
Viva la 'grasia' de Andalucía

Escritora y doctora en estudios culturales
Aderezada con flores (algunas de plástico) y hasta arriba de gente se encuentra mi tierra andaluza, más bonita que ninguna. Hoy he pasado horas intentando leer sin éxito porque las hordas de turistas que circulaban por mi calle cordobesa en dirección a un patio no me dejaban concentrarme. El modelo de vender patrimonio (de la UNESCO o no) funciona a la hora de que crezca el PIB, ese dato del que Juanma Moreno se enorgulleció durante el pasado debate electoral emitido en televisión. El PIB mide el crecimiento económico, pero no el disgusto vecinal frente a la gentrificación; de la misma manera que el aumento del gasto sanitario no informa del dinero desviado a la atención privada. Miro la web del SAS: ocho días de espera para que me vea mi médica de cabecera; no está mal, a veces son diez u once, siempre insuficiente si se trata de algo medianamente urgente. Pero: ¿qué pasó con la crisis de los cribados del cáncer de mama?, "¿qué pasó?", preguntó José Ignacio García, candidato de Adelante Andalucía, antes de que luego lo mencionaran las demás izquierdas, Antonio Maíllo (Por Andalucía) y María Jesús Montero (PSOE). Moreno, el actual presidente de la Junta y favorito en las encuestas, del PP, no quiso responder en lo que duró el espectáculo.
¿Quién ganó? –se dice–. Pero un debate no es un pugilato, gracias al cielo. La retórica arrastra más votos que la verdad, aunque existen fuerzas externas que también condicionan la papeleta. Si por elocuencia fuese, el candidato de VOX, Manuel Gavira, habría quedado descalificado en los primeros minutos, pues su "prioridad nacional" hace aguas en cuanto a efectividad política y, quizá –lo sabremos pronto– en lo legal, a pesar de que pronunciase algunas frases punzantes que conectan con los jóvenes, como: "nos están robando el futuro", o la injusticia de tener que "elegir entre paro y precariedad". Eso lo vemos cada día; la estrategia consiste en verbalizar el malestar y no aportar soluciones realistas; sí, mucha xenofobia. García estuvo fino y le reprochó varias cosas: los fondos de inversión extranjeros no le molestan, señor Gavira, tampoco los aranceles de Trump. García fue el único que mencionó la situación geopolítica mundial para denunciar el peso sentido en el campo andaluz por iniciativa de Estados Unidos, país que inició un conflicto con Irán que cada día incrementa el coste del petróleo y sus derivados. Pero, a ver, ¿no nos íbamos a librar de los combustibles fósiles para así combatir el cambio climático? Pues de eso no se conversó: ni políticas medioambientales ni culturales llamaron a la puerta del estudio televisivo, y el marco también hay que analizarlo, pues emite silencios elocuentes.
Las tres izquierdas se aliaron contra Moreno; es innegable que sus programas coinciden en buena medida, y llegan a ser casi idénticos en el caso de Por/Adelante Andalucía, de manera que un votante poco informado no sabrá distinguirlos. Ambos partidos, señalan las encuestas, podrían cosechar el mismo apoyo que VOX, pero la mitad de escaños debido a nuestro sistema de conteo. Aun así, Maíllo puso el toque moral en un contexto donde tiende a olvidarse que se juega con la vida de las personas: habló de "dignidad", y recriminó a Moreno su "crueldad", conminándolo a practicar una "ética de la compasión". Eso es necesario; no todo va a ser el PIB (al alza), también merecemos mejor trato sanitario, más vivienda, y que los ricos paguen su parte justa de impuestos. Moreno, por cierto, aseguró que María Jesús Montero despidió a 7.700 sanitarios durante su gestión de la sanidad regional, cosa que el verificador de datos de RTVE desmintió; por otra parte, la ley 15/1997 –responsable de que existan conciertos sanitarios– se aprobó con el beneplácito de PP y PSOE, a lo que aludió veladamente García. Y aquí ella no supo muy bien cómo esquivar la flecha. Porque Montero, que iba preparada con una mezcla de orgullo ministerial y ese pasado laboral andaluz, se debatía entre los frutos del gobierno (subida de pensiones, salario mínimo, etc.) y esa losa de decepción que pesa en muchos votantes socialistas desde la crisis financiera. Le faltó espontaneidad y brío, algo en lo que iba sobrado García, el más joven. Aun así, Montero, podría decirse, acertó con la defensa de lo público, y salvó los muebles con la financiación autonómica.
En general, cada candidato de izquierda aportó momentos de solvencia y detalles de unos programas electorales que, bien aplicados, podrían elevar nuestras vidas más allá de los volantes y las cofradías; lástima que oleadas globales y un pretérito con descalabros evidentes no remen a su favor. Sobre los atriles, a ratos, aparecía el fantasma de Pedro Sánchez, ese indiscutible líder en política exterior que arrastra rémoras domésticas como la crisis habitacional. Como estamos en Andalucía, la casa importa más que el estrecho de Ormuz, y una cara campechana, amable, quizá honestamente afectada por el desastre de Adamuz, más que el cáncer de mama. Porque Juanma Moreno, a pesar de los papeles tirados por el suelo, el triunvirato de embistes y su mutismo con los cribados, no se despeñó en absoluto. Si aquí jugásemos a la meritocracia, debería haberlo hecho Gavira, sin chispa ni discurso más allá de la falsa prioridad; pero, ¿desde cuándo el trabajo, el esfuerzo, la profesionalidad se valoran este país? ¿Y en este Sur nuestro? Menos mal que, como cantaba irónicamente un melenudo Carlos Cano, allá en la Transición: "ustedes tienen sol, grasia pa’ vivir, vino, playas y flamenco". Ole, ole, que ya es de noche, los turistas están durmiendo y me han permitido escribir.
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