Opinión
La vivienda como último ejemplo de la traición socialdemócrata

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
El Gobierno sabe que la vivienda es uno de los principales problemas que afronta la clase trabajadora actualmente. A pesar de ello, su acción al respecto está dejando mucho que desear, como bien reflejaba ayer Alejandra Jacinto en una columna en este medio, apuntando todo lo que se podría hacer y no se hace. Las medidas anunciadas esta semana por el Gobierno respecto a los alquileres, premiando a los rentistas que no suban el alquiler, es una muestra más de su falta de voluntad para intervenir en el negocio que unos pocos hacen a costa de la precariedad de la mayoría.
Lejos de favorecer a los más vulnerables, se empeña en ser generoso y complaciente con quienes usan la vivienda como negocio. No hay peor traición a las ideas progresistas que dices defender, que legislar para una minoría privilegiada ninguneando las demandas de la mayoría que sufre esta situación. Pero este Gobierno parece empeñado en demostrar que no es tan de izquierdas como dice, ni tan valiente como se le exige, sino que prefiere aguantar sin molestar demasiado a los ricos y a la derecha que los representa.
El papel de la socialdemocracia y su adscripción al proyecto neoliberal explican en gran medida las victorias de la derecha. Ceder a los marcos y las exigencias del neoliberalismo cuando tienes capacidad para ofrecer resistencias ha sido uno de los principales motivos del avance de la derecha en estos últimos tiempos. Gobiernos que se dicen progresistas han ido asumiendo los dogmas del capitalismo y luego, las derechas los usan como ejemplos para avalar sus políticas, presentándolas como 'sentido común'. "¿Véis? Hasta estos que son de izquierdas avalan nuestras propuestas", dicen. Esto se ve muy claramente con las políticas migratorias de países como Dinamarca o Reino Unido, igual o más restrictivas que las que aplica la derecha o la extrema derecha cuando gobierna.
En materia económica es aún peor, pues hace ya muchos años que la socialdemocracia se ha refugiado en asuntos que todavía intenta capitalizar (derechos, igualdad, cultura), pero sometiéndolos a una mera función cosmética y propagandística, convirtiéndolos en un refugio para conservar su etiqueta progresista. Pivotar toda tu política alrededor de algunos de estos temas de la manera en cómo lo hace la socialdemocracia permite esquivar la crítica a los cimientos del sistema. La economía, igual que las políticas de Defensa o Interior, se tocan poco o nada. Hay cosas que permanecen como pilares del régimen, gobierne quien gobierne.
Aunque no hayan sido todo lo valientes que quisiéramos, no podemos menospreciar la importancia de ciertas políticas igualitarias y en materia de derechos que los sucesivos gobiernos progresistas han promovido. Pero la regresión de los socialdemócratas ha llegado incluso a este campo. Lo vimos con la marcha atrás en el Ministerio de Igualdad, con aquellas palabras del propio presidente sobre sus amigos de más de 40 años que se sentían incómodos con el feminismo. Luego vino la omisión de la T de Transexual de sus reivindicaciones, cediendo a la reacción tránsfoba disfrazada de feminista que también infectó a una parte de la izquierda con el veneno de la derecha. Y así podríamos seguir enumerando cesiones, traiciones y rendiciones cuando más hace falta mostrarse firmes ante la ofensiva derechista que estamos sufriendo a nivel global. Solo por citar otro de los ejemplos más vergonzosos, recordaré que la Ley Mordaza sigue vigente, y que será un regalo para los gobiernos de derechas que vendrán. Aunque el propio Sánchez se comprometió en campaña a derogarla, en estas dos legislaturas que ha liderado, esta ley se ha usado sin cesar, también contra activistas de izquierdas y huelguistas. La policía y la derecha, encantadas.
Otro de los asuntos que deja en evidencia la falta de valentía de este Gobierno ante la gravedad de la situación es la política internacional. A pesar de que haya sido uno de los más activos denunciantes del genocidio israelí sobre Gaza, y que haya tomado medidas para presionar al victimario, sigue habiendo claroscuros que a menudo lo contradicen. El mercadeo de armas con Israel no ha cesado, a pesar de haberse anunciado su fin. Las bases militares y los puertos españoles han sido usados por los genocidas y sus aliados en su empresa, y la represión contra quienes se han manifestado ante los terribles crímenes de Israel que el propio gobierno denuncia, ha sido constante. Hay cientos de personas con multas o a la espera de juicio por haber participado de estas protestas. Y otros simplemente por dar su opinión o señalar a los cómplices del genocidio. Esto es, en parte, gracias a los favores del Gobierno al lobby proisraelí, asumiendo su definición de antisemitismo, la de la IHRA, que equipara las críticas a Israel con el odio a los judíos. Ya escribí sobre la necesidad de abandonar esta definición, sobre la que ya alertaron colectivos de derechos humanos y organizaciones judías cuando se inició la campaña del lobby sionista para que los estados la firmasen. Aunque no sea vinculante, policías, jueces y fiscales la usan para perseguir a quien consideren oportuno.
Hay mucho más en la política internacional que merecería estar citado en este apartado de mentiras, cobardías y medias tintas, y más que habrá viendo cómo está de convulso el panorama, con un ‘aliado’ como Trump desatado, una UE pusilánime y casi conquistada por la extrema derecha, y unos organismos internacionales cada vez más inútiles, cómplices y pusilánimes ante el imperialismo acelerado y la orgia genocida a la que asistimos. La descomposición de la legislación internacional, de los marcos de los derechos humanos y las democracias que servían como guía o como excusa para la convivencia, ha saltado definitivamente por los aires. Y como siempre, quienes alertan de ello mientras pueden hacer y no hacen, cometen un pecado aún mayor.
En estos nuevos tiempos que vivimos, con una ola reaccionaria global que arrasa con todo, los gobiernos progresistas que quedan nos pueden parecer pequeños oasis en el desierto, pero esto es algo que no nos puede cegar ante sus traiciones y su falta de valentía. La situación requiere firmeza y determinación, si de verdad se quiere algo más que evitar un gobierno de derechas. No nos podemos conformar con el mal menor, con que no gobiernen PP y Vox. Que el Gobierno pretenda refugiarse en el ‘algo es algo’ en vez de hacer políticas efectivas que den respuesta a los problemas reales de la clase trabajadora, es rendirse, o directamente ser cómplice de lo que venga. Es promover la apatía y la decepción. Es ser parte del problema. El caso de esta semana con la vivienda así lo demuestra una vez más, sabiendo que esto le puede costar las elecciones. Le queda poco más de un año para hacer algo más que atizar el miedo a que vienen los fachas. Veremos cómo quiere pasar a la historia en estos momentos tan decisivos.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.