Opinión
Doña Bea Fanjul es para siempre
Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Ahí está, en otro acto más, hilando palabras como buenamente puede. Es omnipresente, atemporal, inagotable; no pasa de moda, no madura, no se crea ni se destruye; es la encarnación de la chabacanería pija, la nada más nada que se puede diseñar, la creación definitiva de algún think-thank con escudos heráldicos y Luisvis en el ropero: solo ella sobrevivirá cuando el Anticristo vomite contra el planeta y todavía quede algún cargo orgánico al que agarrarse. Es doña Bea Fanjul, la eterna lideresa de las Nuevas Generaciones del PP, la tía que ha decidido empalmar su sueldo público como joven derechista con su jubilación.
Menuda sorpresa me llevé este fin de semana cuando encendí la tele un rato para bichear el Congreso Nacional del Partido Popular y la vi ahí, tan quieta y perenne y negligente como siempre, en el atril de los ponentes y con el rótulo de presidenta de las juventudes peperas. Yo pensé que estaría ya en otras cosas, no digo que trabajando porque su vida laboral nos da alguna pista de que no tiene una relación fluida con la pala o el sector privado, pero quizá sí en otro puesto donde no luciera tanto su carita de hormigón armado.
Pero qué va, ahí sigue doña Bea Fanjul, descendiente de treinta y tres añazos de una rica familia de Bilbao, demostrando al vulgo y a la prensa que se puede estirar un cargo hasta que te salga de la puntillita de la nariz; da igual que no sepa hacer nada, que su única aportación a la política sea netamente cómica – "no me mates, Carromero" – o que sea conocida entre los que tenemos fuentes en los partidos como una de las Judas que besó en público a Pablo Casado antes de que lo acuchillaran como a un deudor de Las Peñuelas: ella es una superviviente, una aspiradora del poder, una inane política que se ha jurado cumplir noventa años con el carguito de presidenta de las juventudes.
Es que es la mejor, os lo juro; la adoro, la idolatro, la venero, la respeto, la deifico, la endioso; necesito que León XIV la santifique en vida para que se convierta en Santita Nini y se jubile como joven madre superiora de las Haraganas de la Vida Contemplativa – me la suda que no exista esa orden: que se la inventen –; es la eterna joven promesa, la adolescente incombustible, la política que se seguirá levantando noventa y un mil pavazos públicos al año por los siglos de los siglos con la excusita de ser la voz de los jóvenes de su partido. Ella no envejece mentalmente, ella es el peterpanismo hecho carne, a ella no le quitan el abono transporte al cumplir veintiséis: seguirá siendo el futuro del PP cuando los recién nacidos de hoy se nos mueran de viejos.
Doña Bea Fanjul es mi maestra, en ella confío, con ella nada me falta; de su pereza yo vivo, por sus pocas ganas de trabajar yo muero. Doña Bea Fanjul es eterna, ella nunca dejará su cargo; doña Bea Fanjul es para siempre, a doña Bea Fanjul yo envidio.
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