Opinión
La frente muy alta y la sotana muy corta

Por Anibal Malvar
Periodista
La Iglesia católica continúa, impasible el ademán, escaqueándose de las infinitas acusaciones de pederastia que vamos conociendo por cuentagotas de agua bendita. Acabamos de saber que el Vaticano ha archivado una investigación contra el ex obispo de Cádiz y Ceuta por abusar de un seminarista menor durante años. Eludo el presuntamente, porque al parecer todas las partes (menos las partes del acusado) admiten los sicalípticos hechos. Incluso hubo testigos que declararon haber sorprendido al obispo con la frente muy alta y la sotana muy corta en el lecho del chaval.
Este debate sobre el sexo de los ángeles se dirime a favor del sexo del obispo y en contra de la pureza de los ángeles, porque los graciosos cardenales vaticanos no se ponen de acuerdo en si el chaval tenía 14 ó 16 años. Lo que viene a decir el Derecho Canónico de la época (hace 25 años) es que los obispos podían follarse a niños y niñas en cuanto cumplían los 16 con la bendición de dios y sus leguleyos, y por eso este tal monseñor Rafael Zornoza puede seguir disfrutando de su plácida jubilación.
La existencia de un derecho canónico es ya de por sí una anomalía. Dicen que fue dictado por el mismísimo dios, pero no hay constancia bíblica de que Jehová poseyera ni siquiera el título de abogado, así que no comprendo yo tanta validez.
Los curas disfrutan desde siempre un derecho paralelo, una ciencia paralela que ha torturado a muchos científicos, una cultura paralela que ha quemado muchos libros, una fiscalidad paralela que los exime de pagar tributos por sus ingentes ingresos cobrando entrada en la Mezquita de Córdoba o en la Catedral de Compostela, una bula inmobiliaria paralela que les concede el derecho a inmatricular propiedades públicas por su casulla bonita, y todo así, en este plan paralelo y para lelos.
Se conocen muy pocos casos de curas que hayan acabado en la cárcel por violar niños. Rastreo el dato y es tan inextricable como la trina naturaleza del espíritu santo. Me voy a El País, que lleva casi tres años elaborando una contabilidad de los casos en España, y tampoco encuentro un censo de curitas encarcelados (alguno hay). Y que nadie tome como crítica mi aserto, pues es encomiable el trabajo que están haciendo los reporteros Julio Núñez e Íñigo Rodríguez en el periódico de Prisa.
Pero es tan densa la niebla que esparcen tanto las autoridades eclesiales como las judiciales y políticas sobre este asunto, que para verificar hechos se necesitan mucha perseverancia y mucha fe. Benditos Núñez y Rodríguez, concluyo por tanto. Y que se anden con cuidado escalando este Jetsemaní informativo, porque al mínimo desliz que tengan, a la primera información en que sudoren el más liviano error, a ellos sí los crucifican.
No creo que me desmientan muchos colegas si afirmo que nos da más miedo escribir sobre la Iglesia que sobre los grandes apandadores financieros, los mafiosos de la trata, los narcos, los esclavistas, los terroristas, los pistoleros. No he topado con delincuentes más peligrosos y vengativos que estos señores de la fe.
Supongo que todas las religiones son respetables. Pero cuando una superstición está por encima de la legalidad y el consenso común y democrático, es imposible respetar a aquellos que la profesan. El Vaticano ni siquiera ha tenido la decencia de comunicar al seminarista el archivo de su causa. Se enteró por los periódicos. Después braman desde sus púlpitos y templos contra la libertad sexual, con la indigna frente muy alta y esa sotana tan corta que solo será respetable cuando la hagan desfilar en el Día del Orgullo. Y sin dejar que los menores se acerquen a ellos, que tienen una manera muy asquerosa y peculiar de interpretar las nada documentables palabras de Cristo: "Dejad que los niños se acerquen a mí".
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