Opinión
¿1933 = 1968?
Por El Mapa Del Mundo
-Actualizado a
Ahora resulta que los nazis y el 68 son lo mismo: movimientos juveniles totalitarios. Parece que el “virus Pío Moa” se está infiltrando nada menos que en la culta Alemania.
Ocurre que están a punto de cumplirse 40 años del mayo del 68, y el tema en este país ya no da más de sí. Todos los que tenían algo que decir ya lo han dicho. De hecho, llevan meses diciéndolo. Cuanto antes empiecen, antes llegarán las réplicas y los comentarios, habrán pensado. Y ahí tenemos el chicle: tan mascado que incluso apesta. Hay una serie de sujetos empeñados en decidir la batalla dialéctica, ganar un concurso en el que nadie les pidió que participaran. Y para ello no hay camino más rápido que hacer ruido. Cuanto más esperpéntica es una argumentación, mayor eco tienen las réplicas en la prensa.
El periodista e historiador Götz Aly, estudioso del nazismo, lanzó a la opinión pública su última teoría el 30 de enero, aniversario de la llegada de Hitler al poder. Aún le llueven réplicas, con lo que tiene buenas posibilidades de llevarse el título. Aly ha publicado un libro: “Nuestra lucha – 1968, una desconcertada mirada atrás”. Nótese que “Nuestra lucha” en alemán es “Unser Kampf”, con lo que el autor juega con el “Mein Kampf” de Hitler. Mi más sincero agradecimiento al autor por haber tenido la amabilidad de resumir en el diario Frankfurter Rundschau del susodicho día el contenido del volumen. Así uno se ahorra la tortura china de leerlo.
Aly compara a los líderes del 68 con los nazis. Unos y otros eran jóvenes antiliberales que se veían como vanguardia de un “movimiento”, y lo que querían era en ambos casos aplicar el “proyecto” de sus respectivas generaciones.
“La mayoría de estudiantes del año 33 sufría una profunda inseguridad”. Aly convierte a los verdugos en víctimas con frases como ésta, y elogia a una serie de políticos e intelectuales que en su momento habrían reconocido y criticado el carácter supuestamente totalitario de los jóvenes del 68, entre ellos Joachim Fest –historiador llamado “conservador” que en su biografía de Hitler dedica al Holocausto 3 de sus 1.200 y pico páginas- y el entonces canciller Kurt Georg Kiesinger. Este político democristiano con pasado nazi confeso decía en los años sesenta que durante el nazismo él se comportó de modo “arrogante” ante los políticos de la República de Weimar, de igual modo que los jóvenes del 68 se comportaban con él. Nadie se acordaba ya en Alemania de los malabarismos autojustificadores de Kiesinger. Cuarenta años después, un historiador que trabaja en proyectos de investigación por encargo del Gobierno alemán los saca del cajón de los recuerdos para escribir un best-seller. Olé sus huevos.
Decir que derechas e izquierdas son lo mismo y que todos los extremos son igual de malos es negarse a pensar. Reducir el nazismo a un “movimiento juvenil y estudiantil” es una simplificación de sobremesa con largo, larguísimo aliento de cazalla. Lo de juvenil está cogido por los pelos, porque en 1968 gentes como Herbert Marcuse y Theodor W. Adorno no eran precisamente adolescentes, pero dejémoslo ahí. Ahora, lo de estudiantil merece comentario aparte. A ver, ¿los nazis como estudiantes? ¡Pero si quemaban libros! Aly tiene una cara tan, pero tan dura que compara las quemas de libros de los nazis con la quema de ejemplares del diario amarillista “Bild”, que en el 68 era el enemigo número 1 de la izquierda. Ese diario llevaba entonces todos los días artículos salvajes contra los estudiantes y contra todo lo que oliera a izquierda. El 11 de abril de 1968, el líder estudiantil Rudi Dutschke fue víctima en Berlín Oeste de un intento de asesinato perpetrado por un desempleado loco que había viajado desde Múnich para meterle tres tiros. El tipo era un apasionado lector de “Bild” y había desarrollado un odio brutal contra Dutschke. Cuando le disparó, gritó “¡Toma, sucio cerdo comunista!”. La campaña de “Bild” contra Dutschke había propagado un odio increíble contra el líder estudiantil. La derecha descubrió la calle y los grafitis, y en la entrada de su domicilio apareció la pintada “Gasead a Dutschke”. Pero todo esto a Aly no le interesa. Quemar “Bild” es lo mismo que quemar “La montaña mágica”.
Y al final, aplicadas al nazismo, las manipulaciones y simplificaciones de Aly suponen relativizar el Holocausto, en este caso con una retórica pseudocientífica. De baba y sonrisilla, que diría Ferlosio.
Guillem Sans Mora / Berlín