Opinión
Un alto en la guerra de Caja Madrid
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Si MIGUEL BLESA, como parece, incluye finalmente en el consejo de administración de Cibeles a las tres personas que ESPERANZA AGUIRRE tiene tanto interés en que formen parte de él, será inevitable extraer algunas conclusiones.
El presidente de Caja Madrid se había negado en redondo hasta ahora a acoger en su holding a ÁNGEL ACEBES, a MANUEL LAMELA y a CARMEN CAVERO, cuñada de IGNACIO GONZÁLEZ, número dos de la Comunidad. Temía Blesa que fuesen simples piezas de la estrategia de Aguirre para aumentar su influencia en una institución financiera que todavía no ha conseguido controlar, pese al indudable empeño que de un tiempo a esta parte ha puesto en ello. La numantina resistencia del presidente de Caja Madrid le privó de las ya de por sí escasas simpatías que despertaba de antiguo en el entorno de la lideresa, poco proclive a transigir con quien le lleva la contraria. Por tal motivo, Aguirre y los suyos emprendieron una cruzada en toda regla para descabalgar de su puesto a Blesa, que si no ha tirado la toalla es por el incondicional respaldo que le prestan, entre otros, el alcalde de la capital, ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN.
Para evitar una tarascada letal de Aguirre, Blesa ha acelerado el proceso de renovación de sus órganos de gobierno, a despecho de los deseos de la Comunidad, partidaria de demorarlo hasta tener lista una nueva ley regional con la que se arrogaría mayores poderes en Caja Madrid. Ese movimiento está en el origen de las tensiones vividas en la entidad durante los últimos meses, cuyo punto álgido fue la asamblea celebrada el 10 de noviembre, en la que los representantes de ambos bandos se tiraron los trastos a la cabeza. La asamblea evidenció una vez más que Aguirre se encuentra en franca minoría y que, si el actual presidente decide dar la batalla hasta el final, el desgaste puede ser excesivo para ella y el resultado, incierto. Por eso, desde hace algunas semanas, se barajaba la posibilidad de un acercamiento que suspendiera las hostilidades, especialmente perturbadoras en un momento en que Caja Madrid debe concentrar sus esfuerzos en salir lo más airosa posible de la crisis financiera.
La aceptación de los tres consejeros de Cibeles propuestos por Aguirre podría ser una prueba de que esa aproximación se ha producido, aunque no garantice que haya acabado la guerra.
Los socialistas rectifican
En su intento de controlar Caja Madrid, la presidenta de la Comunidad ha tenido un inesperado revés: el repliegue de los socialistas madrileños, con quienes contaba para echar a Blesa. Su secretario general, TOMÁS GÓMEZ, estaba decidido a unir sus fuerzas a las de Aguirre, disconforme con la el poco juego que se le da en la institución. Sin embargo, este alineamiento no era considerado oportuno en Moncloa y fue llamado a capítulo.
La justificación del cambio
Tomás Gómez hizo un quiebro y, de la noche a la mañana, trocó su beligerancia contra Blesa en una neutralidad amparada en el discurso de que la batalla de Caja Madrid era una simple lucha entre distintos clanes del PP. Lo cierto, sin embargo, es que semejante cambio favorece a Ruiz-Gallardón, principal beneficiario político de un traspié de la presidenta de la Comunidad en Caja Madrid, habida cuenta las posturas antagónicas que mantienen.
A Ruiz-Gallardón, ni agua
Ese regalo no gusta en Ferraz, donde se piensa en el alcalde como más que probable relevo de MARIANO RAJOY, en el caso de una nueva derrota electoral del PP. Según el análisis más extendido en el aparato del PSOE, las posibilidades de que Aguirre sea cabeza de cartel en unas generales son bastantes remotas, no así las de Ruiz-Gallardón, y, en consecuencia, hay que regatearle cualquier triunfo.