Opinión
Aniversarios punto com
Por Amparo Estrada
-Actualizado a
La naturaleza humana de los españoles nunca deja de sorprenderme. Seguimos siendo más aficionados a celebrar ruinas que a felicitar éxitos, si los que se arruinan o tienen éxito son los otros. Hoy, en marzo de 2010, nos alegramos por el reventón de la burbuja punto com, iniciado el 10 de marzo de 2000. Y no nos acordamos del nacimiento del sistema de dominios de Internet .com hace 25 años, el 15 de marzo de 1985. Pero es seguro que para la historia de nuestra evolución económica y social ha sido mucho más importante que el de 2000.
En las dos últimas semanas me he cansado de leer y ver noticias volviendo a recordar que los no tecnococos no éramos, al fin y al cabo, tan estúpidos en comparación con aquella oleada de nuevos multimillonarios, jovenzuelos arrogantes, gurús empresariales, que nos estaban aparcando a todos los analfabetos digitales en la cuneta. Nos cobramos venganza desprestigiando, en general, la importancia de Internet. Nos equivocamos entonces y nos equivocamos ahora conmemorando el estallido de la burbuja.
La Red, la tecnología, los movimientos empresariales y sociales que impulsan, el acceso universal e instantáneo a la información, son, como mínimo, tan trascendentales como lo fueron en su momento la invención de la imprenta, la máquina de vapor o el telégrafo. A Gutenberg y Edison los hemos metido en la historia, los niños estudian sus prodigios en el colegio, pero de los creadores del mundo digital no se les dice ni palabra.
Entre los países avanzados, no estamos entre los primeros, sino al revés, en el aprovechamiento de Internet: acceso global a la Red sin exclusiones por razones geográficas, capacidad de banda ancha universal, infraestructuras de máxima calidad, equipos de la máxima calidad a precios asequibles, formación intensiva para nuestros niños, nuestros profesores, nuestros mayores, nosotros mismos... Vamos los primeros, eso sí, en gastar tiempo y leyes sobre si descargas sí o descargas no.
De momento, vamos a recordar los nombres que nuestros hijos deberían poder estudiar en sus libros: Vinton Cerf y Robert Kahn, inventores del protocolo TCP/IP; Tim Berners-Lee, desarrollador de la WWW, el sistema que permite construir y ver páginas web; Lawrence Roberts, diseñador de Arpanet, la red sobre la que se basó Internet; Martin Cooper, padre del teléfono móvil; Raymond Tomlinson, creador del correo electrónico. Ninguno fueron ni son burbuja. Sigamos ahora con algunos datos que demuestran que todo esto, en realidad, aún no ha hecho más que empezar: el primer dominio que se registró, aquel 14 de marzo de 1985, fue symbolics.com; en todo aquel año sólo hubo otros cinco más registrados. En 1999, justo antes de estallar la burbuja, había 20 millones y ahora, al empezar 2010, hay 192 millones.
El volumen de negocio que se mueve alrededor de Internet suma 10,5 billones (millones de millones) de dólares anuales. Mark McLaughlin, el consejero delegado de Verisign, probablemente la empresa más importante y más desconocida popularmente de la Red, que es la que mantiene la infraestructura mundial de los dominios .com y .net (sin ella, teclearías google.com y no saldría nada), acaba de anunciar una gran inversión, el proyecto Apolo, dado que su compañía prevé que su capacidad actual para procesar pinchazos (tú tecleando un dominio en tu ordenador) debe crecer un 1.000% en diez años: de cuatro billones al día a cuatro trillones.
Porque van a confluir varios factores de ámbito mundial que van a exigir esa capacidad: hasta 2013 el mundo pasará de 1.700 millones de usuarios de Internet a 2.200, y el número de dispositivos conectados (ordenadores fijos, teléfonos móviles, portátiles, libros electrónicos, agendas digitales...) subirá de los 1.600 millones de hoy a los 2.700 millones en tres años. Todos para acceder, desde cualquier sitio y a cualquier hora, a contenidos mucho más potentes: más vídeo, más televisión por Internet, más horas conectados, más redes sociales, más telepresencia…
Cisco, el fabricante de routers, ha anunciado hace unos días un cacharro que puede transmitir 322 terabits de datos por segundo (algo inconcebiblemente grande) y que puede hacer que, en tu casa, tengas 1 Gigabit de velocidad. Eso equivale a 1.024 megas. Mi operador llama “banda ancha” a los 3 megas que nos da en casa. Yo a eso lo llamo “problema no
resuelto” y lo comparten varios millones de ciudadanos españoles.