Opinión
Un año
Por Antonio Caballero
-Actualizado a
Cumple un año de Gobierno el presidente Barack Obama. Y según revelan las encuestas de opinión, está perdiendo puntos. Claro está que las encuestas no revelan nada sobre Obama, sino sobre los encuestados. Para eso son, y lo cierto es que resulta asombroso que se les preste atención (esa atención que en este articulito les estoy prestando), puesto que no tienen efectos. Sólo sirven, como los termómetros, para saber si hace frío o hace calor, cosa que todos sabemos sin necesidad de los termómetros. Pero prestarles atención a los termómetros es indicio de que se cree en la ciencia. Prestarles atención a las encuestas de opinión es indicio de que se cree, o se finge creer, en la democracia.
Barack Obama, pues, pierde puntos en las encuestas, en los termómetros (que, por otra parte, no son barómetros). Pero los pierde por cuenta de dos cosas que poco tienen que ver con él. La primera es la persistencia de las guerras no resueltas de Irak y de Afganistán, que los Estados Unidos no han conseguido ganar pero no se resignan todavía a perder. Y la otra es la recesión económica en la cual se sumieron ellos, y con ellos sumieron a todo el mundo, y de la cual no consiguen todavía salir adelante. Las dos cosas son herencia de los catastróficos ocho años de Gobierno de su predecesor George W. Bush, y justamente fue por ellas, en grandísima medida, que Obama ganó las elecciones. Dicho de otro modo, Obama no pierde puntos por lo que ha hecho ni por lo que no ha hecho, sino por lo que hizo y por lo que no hizo Bush. Pierde puntos en las encuestas por los mismos motivos por los cuales, en las elecciones, ganó la Presidencia. Y en tal grado que, en un par de elecciones (y no encuestas) locales, la victoria ha sido para los republicanos: para Bush.
Es natural que Obama pierda puntos porque en el año entero que acaba de cumplir en el poder (o, más exactamente, en la Presidencia) no ha hecho prácticamente nada. O absolutamente nada, si su desempeño se mide frente a las expectativas desmesuradas que despertó su elección. El problema está, por consiguiente, en las expectativas, y no en las realidades. Pero eso tiene de bueno la democracia electoral, que tiene tantas cosas malas: que le permite al gobernante elegido despreocuparse de su popularidad hasta que se le vienen encima las elecciones siguientes (para sí, o para los suyos). Barack Obama lleva sólo un año. Le quedan tres.
Sí, bueno: pero debería empezar a hacer algo. No todo ha de ser recibir premios a cambio de promesas