Opinión
Atatürk y Ben Gurión, jubilación
Por Antonio Baños
Alrededor del movimiento general de la primavera árabe, se están produciendo en Oriente Medio unos acontecimientos muy interesantes. Me refiero a las protestas de los indignados en Israel y el “golpe” de salón de Erdogán en Turquía contra la cúpula militar laicista. Son sin duda, dos hechos de naturaleza muy distinta pero que operan sobre dos países que tienen mucho en común, más allá de la alianza que les ha unido en los últimos años. El kemalismo en Turquía y el sionismo israelí son ideologías, construcciones del Estado, muy particulares y distintivas. Aunque de origen y destino distinto, ambos son modelos radicalmente prooccidentales. Nacionalismos basados en las ideas de Estado-nación más decimonónicas. De cuando la autarquía y la unidad étnica eran dos buenas ideas. Son dos islas extrañas en un mar árabe que ha ido mutando desde las monarquías postcoloniales, al laicismo del Baas o la pulsión islamista. No es que los indignados israelís impugnen el mandato sionista, pero sí que rebajan su expectativa. Con una doble inmigración, la judía y la laboral proveniente del tercer mundo, con los problemas de vivienda solventados a golpe de ocupación y colonialismo y con la providencial ayuda de EEUU en crisis, A los israelíes ya no les basta el discurso de la amenaza árabe, de la función mesiánica del estado o del recurso mítico del Holocausto. Todo queda fuera de las agendas de una clase media joven y precaria. La apertura de la frontera egipcia de Gaza o el posible nuevo estado palestino, obligarán a Israel a buscar una nueva relación de vecindad en la zona: No hay pasta para ir haciendo más guerras. Por su parte, Turquía ha visto esta semana cómo Grecia construía una zanja en la frontera para evitar la emigración Si nos ponemos simbólicos, éste no es más que otro signo que impulsa a Turquía a alejarse de la UE. Con una economía en modo turbo, Erdogán, con su pulso contra el ejército laicista, sigue en su empeño de inventarse la democracia islámica y buscar un nuevo papel geopolítico totalmente diferente al que tenía asignado por los planes de la OTAN. Atatürk y Ben Gurión parece que ya van pensando en jubilarse