Opinión
La atenuada amenaza francesa sobre Bankinter
Por Vicente Clavero
Ni la resistencia de JAIME BOTÍN, que no estaba dispuesto a rendir así como así uno de los históricos bastiones del imperio económico de su familia; ni las maniobras de la alta dirección, temerosa de que un cambio de propiedad se llevara por delante el actual statu quo; ni las trabas del Banco de España, al que no le hacía feliz la idea de que Crédit Agricole metiera la cabeza en el consejo de administración de Bankinter… Al final, han sido los propios franceses quienes han tenido que desistir de su empeño por controlar en la práctica una de las instituciones financieras más apetecibles de España, de la que son sus principales accionistas con un 20,1%, pero donde carecen de los derechos políticos que en otras circunstancias esa importante participación debería proporcionarles.
El frenazo a sus aspiraciones sobre Bankinter es consecuencia del considerable agujero que ha abierto en las cuentas de Crédit Agricole su filial Calyon, especializada en banca de inversión, que ha sucumbido al vendaval de la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos. Como consecuencia de ello, los beneficios de la matriz cayeron un 66,4% durante el primer trimestre del año. Crédit Agricole, por añadidura, ha tenido que proceder a una macro ampliación de capital de 5.900 millones de euros para recuperar el equilibrio patrimonial perdido. Inevitablemente, el consejero delegado de Calyon, MARC LITZER, se ha sumado a la nómina de ejecutivos en paro por culpa de las subprime, tras haber sido puesto de patitas en la calle de la noche a la mañana.
A la espera de que amaine el temporal, Crédit Agricole se ha comprometido a no acometer nuevas inversiones e incluso a desprenderse de aquellas para las que encuentre buenas oportunidades en el mercado. No es seguro que entre estas últimas figure su paquete de Bankinter, pero todo apunta a que, al menos de momento, en los planes de GÉRAD PAUGET, director general de la entidad francesa, no entra ampliarlo. Además, el permiso que le concedió el Banco de España para llegar hasta el 29,99% vence dentro de poco más de una semana: el 31 de mayo. Comprar el 9,8% que tiene autorizado le costaría a Crédit Agricole del orden de 370 millones de euros, una cifra prohibitiva tal y como están las cosas.
Una espantada sería peliaguda ahora mismo para los franceses. Su entrada en Bankinter fue de la mano de RAM BHAVNANI, que a mediados de noviembre del 2007 les vendió el 14,9% del capital por 809 millones. El precio de la acción se fijó entonces en 13,6 euros. No se sabe a cuánto compró Crédit Agricole el otro 5,2% que tiene en su poder, pero sólo por la parte adquirida al inversor indio acumula una minusvalía latente del orden de los 250 millones. La cotización de Bankinter está ahora por debajo de los 10 euros.
Jaime Botín ha guardado un prudente silencio desde que Crédit Agricole inició su asedio. Con el sigilo presumible en un banquero de dinastía, ha ido moviendo los hilos necesarios para impedir que le birlaran el banco. Eso sí, sin gastarse ni un euro más de la cuenta. Co la ayuda del presidente, PEDRO GUERRERO, ha fortalecido el núcleo duro e incluso ha implicado en la defensa de Bankinter a los trabajadores, que son titulares de un 5%.
En su día, por su acaso, Jaime Botín pidió la preceptiva venia del Banco de España para acrecentar su participación, que cuando asomaron la nariz los franceses estaba en el 16,3%. Tal y como se han desarrollado los acontecimiento después, no ha tenido necesidad de agotar el margen que se le dio (hasta el 24,99%). Ni parece ya que vaya a tener que hacerlo. Salvo que Crédit Agricole opte por vender y se encuentre de repente con un rival de mayor enjundia.