Opinión
Avé, César
Por El Mapa Del Mundo
“Las rumanas somos divertidas y cachondas pero no putas de callejear”. La frase asalta desde un cartón, primorosamente envuelto en plástico, que su autora colgó en una reja. Desde hace unos días, la letra del texto, su ortografía… son el tema de conversación en el barrio, no su significado. El cartel devoró la reivindicación de la rumana. Hace tiempo que las palabras son objetos que sustituyen al mundo: Las razzias a mitad de la noche alentadas por las autoridades italianas devuelven a los europeos a un pasado que estremece o enardece pero no se resuelve.
Hace 40 años que en el campamento de Casilino se hacinan los desprotegidos. Hace 30 que en Il Salone viven cientos de personas cercadas por verjas y policías. Quienes huyeron de la guerra de los Balcanes esperan desde hace más de 10 años que el gobierno les conceda asilo político...
La eurodiputada Mohacsi da visibilidad a la barbarie mientras la sinrazón permanece inmaculada. Su testimonio sustituye a la acción, un juego cuyas reglas conocen ciertos líderes: Sometidos a los intereses que hacen del suelo un bien escaso, los más frágiles se convierten en gladiadores capaces de matarse por un techo digno (no importa que el enfrentamiento suceda en Pontevedra o en Nápoles). Protegidos en sus palcos, los que promueven los pisos subvencionados (que en el barrio de Ponticelli son constructoras controladas por la mafia) dan carnaza a este circo. Mientras nos estremecemos por la sangre en la arena, la calle sigue siendo suya.
Martha Zein