Opinión
Bancos y cajas se resignan al aumento de la morosidad
Por Amparo Estrada
Las entidades financieras han empezado ya a calcular hasta dónde puede subir la morosidad y a algunas les salen porcentajes desconocidos desde principios de los noventa. En agosto, la tasa de morosidad de los créditos –no sólo los hipotecarios– subió por tercer mes consecutivo hasta el 0,75%, lo que representa un 20% más que la que había a finales de 2006. Pero más de un banco o caja se daría con un canto en los dientes si la morosidad continuara en estas cifras. De hecho, ya hay entidades que han visto cómo se duplicaba su tasa de impagos y superaban el 2% .
Pero lo malo es que las previsiones –eso sí, las pesimistas– apuntan a que no se va a quedar ahí y el repunte puede continuar llegando aún mucho más lejos. Los agoreros hablan de tasas entre el 5% y el 7%, aunque también aseguran que con esas tasas convivió en otras épocas el sector financiero español y sobrevivió a ellas. Mucho mejor parado saldría ahora cuando las exigencias del Banco de España de provisión de riesgos son mayores y refuerzan la solvencia del sistema.
Los impagos están afectando a la parte más débil del sistema: los inmigrantes, que están registrando tasas de morosidad más elevadas que la media. No obstante, mientras el empleo no se resienta, la situación no se desmandará.
Las entidades financieras están mirando con lupa los créditos hipotecarios que se salen de los estándares más prudentes –a un plazo de 25 años y por el 80% del valor de la vivienda– porque es en esos donde más impagos se producen.
Pero son también los impagos de determinadas promotoras inmobiliarias los que están provocando sobresaltos. El frenazo en la venta de inmuebles y las restricciones crediticias, constatado ayer con los datos del INE sobre hipotecas firmadas en agosto, hace que haya empresas con problemas para hacer frente a los créditos solicitados. Si no venden, no tienen liquidez y sin ella no pueden afrontar nuevas promociones. De hecho, las inmobiliarias están acelerando la terminación de los proyectos en marcha, pero ya no se lanzan a comprar suelo para futuros proyectos, como hacían hace un año.