Opinión
Bigott: el mañico de oro

Por Jesús Miguel Marcos
-Actualizado a
Nunca los he contado, pero digamos que me llegan 250 cedés al mes. La mayoría no los escucho. Se quedan ahí amontonados, unos encima de otros. Primero en la mesa; luego, cuando la torre va cogiendo altura, pasan al suelo; y después, algún domingo, los ordeno pacientemente en unas estanterías de Ikea mientras escucho alguno, de fondo.
Por eso las portadas son importantes. No pocos discos entran por la ranura de mi equipo sólo por la portada, algunos incluso por lo fea que es. Así descubrí, por ejemplo, a Fever Ray: vi ese siniestro y horripilante dibujo en blanco y negro de una mujer robótica con gafas de sol, posando de frente y con las manos amenazantes como si fueran garras, y necesité saber a qué sonaba. ¡Semejante envoltorio diabólico...! Pensé en un disco de ópera-metal, y luego me encontré con que era la chica del dúo sueco The knife, en su primer disco en solitario: gélidas canciones electrónicas, profundas como fosas y delicadas como bolas de algodón, muy recomendable.
Con Bigott me pasó lo mismo. La portada me dejó estupefacto (ver a la derecha): aparece él -que es él hay que suponerlo, claro- metido en un ataúd junto a la que suponemos que es su novia, rodeado por un colorido jardín de flores y frutas. Como si ya estuviera muerto, pero feliz. Precioso y tétrico.
El único dato real de la hoja de promoción de su disco decía que era de Zaragoza. Escribí a Grabaciones en el Mar, su sello, para preguntar su nombre y su edad y esta fue, literal, la respuesta:
"Pues mira que lo conozco hace años y no sé su edad...ni si es de zaragoza seguro...y si se lo pregunto no me lo va a decir... Lo que sí que sé es que es un marciano...marciano de verdad. Es para conocerlo...".
Al menos sabemos cómo es, porque enseña sus bigotones en el fabuloso e inquietante vídeo de 'She is my man', que encabeza este post. Una nana alucinada y flotante que sería la sintonía ideal para los créditos iniciales de una película de David Lynch. Habría que añadir que aunque le cueste dar entrevistas, conciertos sí que hace, y bastantes. Va donde le llaman.
El disco, titulado 'Fin', es tremendo, magnético, impactante.
10 canciones y 25 minutos, en una síntesis deliciosa e inspirada de country soleado, pop playero, boogie-folk, canción de feria, ecos tropicales, western y baladas románticas. Pocas veces he visto tanto en tan poco tiempo. Concentrado y efectivo como un bote de detergente Ariel.
Es su tercer disco y suena a obra de madurez: fresco como una lechuga y al mismo tiempo sin cabos sueltos. Domina su estilo, no se quiebra ni cede: entrega un puñado de bellas canciones que se sostienen en su esqueleto, pero que multiplican su efecto con unos arreglos precisos y naturales, como si ya estuvieran allí antes de que la canción se compusiera. Un misterio, como Bigott.

Ved el segundo de los vídeos, 'Trois je t'aime', y confirmará todas mis palabras.
Hay deudas (Johnny Cash, Elvis Presley, Tom Waits, Lou Reed...), ¿quién no las tiene? Como dijo Dalí: "Aquellos que no quieren imitar nada no producen nada".
Dos cosas más:
a) Es un disco muy accesible: salvo un par de temas un poco más oscuros (no iban a ser todo pastelitos), estas canciones le podrían gustar a tu hermana pequeña o a tu madre a poco que tenga las orejas abiertas. Yo lo escucho y digo: ¡esto le gustará a todo el mundo!
y b) Bigott es un cachondo: suena loco, pero no como las mamarracheces de Tarántula o su exitosa escisión Joe Crepúsculo, no hay paranoia por la paranoia. Aquí hay algo grave de fondo, incluso cuando pronuncia las erres como Johnny Rotten en 'Kinky Merengue'. Y hay ternura, y fragilidad, y un brillo, y vida... Es música religiosa. Y él es un cachondo, claro, pero un cachondo humano.
Son las de Bigott canciones cálidas y amorosas, necesarias en estos tiempos en que los discos se hacen con la frialdad de una calcuradora. Si algo es necesario, sobra lo demás. Es como comer. Yo pagaría por este disco.
Son 25 minutos de infarto, que te ablandan el corazón y hacen que te olvides, por un momento, de que al día siguiente vas a tener que volver a la oficina.
Escuchar a Bigott es descansar.