Opinión
El cementerio de las palabras

Por Vicente Montejano Conejero
Periodista jubilado y suscriptor de Público
-Actualizado a
El desajuste semántico a base de insultos, falacias y palabrería vana que emplean algunos políticos sin otro objetivo que el de ofender no es un buen ejemplo para acometer cualquier reconstrucción social o económica deseada para España.
El acto guerrero de una derecha que pide al Gobierno ponderación sin ofrecer a cambio un modelo propio de moderación es una clara muestra de mediocridad dominante en el que se haya sumida las cimientes de nuestra clase política.
Pese a que el artículo 71 de la Constitución expone que los diputados y senadores gozarán de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones, habría que preguntarse si el insulto o la infamia forman parte de cualquier ejercicio de función alguna. A mi entender es como significar que el fin justificara los medios.
Sobran palabras, y el horizonte político se cierne en una estepa de guiños sin acuerdos concretos que anticipen alegrías y no pesadumbres para el indefenso contribuyente, que tiene que escuchar que el IPC sólo se ha disparado un cero coma… cuando en realidad productos tan necesarios como la fruta y la verdura sobrepasan el uno coma.
En tanto, Bruselas expedienta a España por no legislar sobre el sueldo de los directivos, que sigue superando con creces el porcentaje sobreentendido del que ya dispone cualquier trabajador de clase media.
Y luego, llaman la atención ciertos vocablos, proclamas y actitudes contrapuestas de lo que anteriormente no se tuteló: divorcio, aborto, matrimonio homosexual, eutanasia, renta mínima…
Avances sociales a los que una derecha atávica se opuso durante décadas, e incluso frenó, haciendo con ello estruendoso ruido; pero que hoy son un clamor popular. Hay que recordar también que en su momento esa derecha atávica se negó a aprobar una Constitución que hoy airea y defiende con cierta hilaridad.
Esperemos que el cementerio de palabras se reconstruya y aparezcan frases y hechos inteligentes.