Opinión
Comportémonos como si fuésemos libres
Por Manolo Saco
Creo que todos vosotros estáis tan hartos como yo “del tema” pero no podemos mirar hacia otro lado mientras dos poderes del Estado andan a palos.
Ahora es el Consejo General del Joder Pudicial, en pleno, progresistas y conservadores al unísono, quienes recriminan a Ibarretxe el haberse defendido con una manifestación, y piden el “cese inmediato de cualesquiera campañas, manifestaciones o declaraciones que pretendan hostigar y deslegitimar a los jueces y magistrados que administran Justicia en la Comunidad Autónoma Vasca”. Es decir, en lenguaje llano, que se acaben las críticas contra ellos porque han dejado de ser de este mundo para alcanzar el estado de divinidad.
Sus señorías han hecho un frente común para defender no ya una postura política de una parte de ellos, que muchos maliciamos influida por la derecha, sino un estatus de poder intocable del que todos disfrutan colegiadamente, y al que todos se apuntan sin fisuras, al que la censura le es ajena por naturaleza. Me recuerda (¡no faltaría más!) la lucha por la subsistencia por parte de las religiones, para quienes (el Papa dixit) el enemigo es el laicismo, el agnosticismo, el ateismo, y no las otras religiones, todas falsas excepto la suya, como bien es sabido. Porque el corporativismo de clérigos y jueces les lleva a defender ante todo la razón de sus privilegios, a los que hay que proteger cuando se ven amenazados, dejando aparcados para mejor ocasión la letra pequeña de si tu dios es más falso que el mío, o si son vascos, etarras o podencos aquellos que allí ven vuesas mercedes.
Porque me pregunto yo, ¿por qué el jefe de la oposición democrática puede llamarle bobo solemne o miserable, por nombrar sólo dos de los treinta insultos acreditados en esta legislatura, al presidente del gobierno, y los políticos, elegidos por el pueblo, no pueden, ya no digo insultar, sino criticar las actuaciones judiciales? ¿Por qué una democracia gana cuando se critica al ejecutivo y al legislativo, y pierde cuando se hace lo mismo con el judicial? ¿Es que acaso estamos obligados a mantener la falacia de que los jueces son extraterrestres, a los que no les afecta el entorno político y social, seres sobrehumanos que no huelen ni padecen, espíritus angelicales que elaboran sus sentencias con precisión matemática, que sólo comen páginas del Aranzadi, pero no leen El Mundo o El País, ni oyen la Cope o la Ser? ¿Por qué nuestros políticos mejoran con la crítica y en cambio nuestros jueces pierden el juicio?
Así que conmigo no cuente el Consejo General del Joder Pudicial. Mientras como ciudadano tenga en regla mis derechos civiles a la crítica, mientras un juez no decida retirármelos, pienso adherirme a cuantas “campañas, manifestaciones o declaraciones” sobre su actuación considere justas y convenientes. Solo existe un tipo de régimen, que está en la memoria de todos, a uno y otro lado de cuantos telones de acero en el mundo han sido, que consagra caprichosamente a los jueces como sujetos exentos de toda crítica. Mientras tanto, como dice mi amigo JAMS, en el blog de ahí al lado, me comportaré como si fuese libre.