Opinión
La corrupción bajo fianza
Por Juan Carlos Escudier
No se recuerda semejante pasión por el servicio público que la de los dirigentes de Uniò Mallorquina. Como con tantas visitas al juzgado no hay quien se concentre han optado por cambiar de nombre para ver si así pasan desapercibidos. Cercados por los casos de corrupción, cualquiera en su lugar hubiera bajado la persiana, pero se nota que están poseídos por una entrega al bien común tan diabólica como la de la niña del exorcista. Para satisfacer su inalienable compromiso con los ciudadanos se han rebautizado como Convergència per les Illes Balears, pero los jueces, insensibles, vuelven a citarles y la Fiscalía les reclama como partido una fianza civil de 1,6 millones por los desfalcos de sus cabecillas.
Esta iniciativa del fiscal le parece a uno la única forma sensata de acabar de una vez por todas con la corrupción, en vista de que los códigos éticos como el de Rajoy terminan traspapelándose. Si por cada contrato amañado, cada ópera de Calatrava apalabrada, cada ERE falso aprobado o cada pelotazo urbanístico consumado se exigiera al partido de los forajidos que depositara una caución equivalente al dinero público distraído so pena de embargo de bienes y hasta de sueldos, la selección de personal de los políticos mejoraría una barbaridad.
Serviría también para aumentar la atención que los políticos decentes -que los hay en abundancia- prestan a sus compañeros atracadores. A tal punto llega su distracción ante las tropelías de quienes tienen a su lado en el partido, que la probabilidad de que sean ellos quienes denuncien sus corruptelas es menor que la que tendría un oso polar de no pasar calor en el Sahara. Salvando las distancias, les ocurre como a las parejas de los infieles, que siempre son las últimas en enterarse. Ya es casualidad.
Se ha llegado a un punto en que no basta con la condena moral y el propósito de enmienda, y eso en el mejor de los casos. Desde el momento en que los partidos fueran considerados responsables subsidiarios de los saqueos perpetrados por sus cargos públicos, la corrupción habría escrito su final. Hasta Uniò Mallorquina lo agradecería.