Opinión
No con mi dinero
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Ni siquiera las inyecciones de liquidez aplicadas por el Gobierno han conseguido reanimar de momento el mercado del crédito. A las entidades financieras les sigue costando soltar dinero, bien porque no tienen, bien porque no se fían. Una reciente encuesta del Banco de España alerta, además, de que la situación no mejorará a corto plazo. Lograr préstamos será complicado para las familias y también para las empresas durante una buena temporada, aunque parece que no para todas por igual.
Hay grandes operaciones que se están cerrando con una prontitud impropia de esta época de restricciones. Es el caso de la compra de Unión Fenosa por Gas Natural, cubierta a primeros de agosto en apenas unas horas, a pesar de que hacía falta la friolera de 18.500 millones de euros. El sindicato bancario que con tanta diligencia se formó entonces ha tenido que ser ampliado ahora para repartir mejor el riesgo, y tampoco ha sido difícil encontrar nuevos aliados.
Uno de ellos es el ICO, que no ha detallado su aportación, si bien algunas fuentes la sitúan en el entorno de los 400 millones. No es la primera vez que financia movimientos corporativos: en 2006, por ejemplo, ayudó a LUIS DEL RIVERO a hacerse con el 20% de Repsol que ahora está en almoneda. Pero, aun así, resulta chocante que este organismo público emplee parte de sus necesariamente limitados recursos en una operación que, de entrada, sólo va a generar riqueza para los actuales socios de Unión Fenosa.
Su principal accionista, ACS, se va a embolsar 7.600 millones, buena parte de los cuales corresponden a la elevada prima de control que aceptó pagar Gas Natural. De rebote, los dueños de la constructora van a hacer un negocio redondo, pues su participación del 46% en Unión Fenosa, antes de ponerla en venta este verano para aligerar la voluminosa deuda de ACS, valía en Bolsa menos de 5.000 millones.
Que FLORENTINO PÉREZ, la familia MARCH y los ALBERTOS se llenen los bolsillos gracias a una inversión que el tiempo ha demostrado que era puramente especulativa, les atañe sobre todo a ellos. Y si Gas Natural ha aceptado pagarles por Unión Fenosa un precio muy superior al de mercado, sus razones tendrá. Pero, con la que está cayendo, que el Estado utilice dinero de todos para apoyar este tipo de jugadas no parece que sea lo que la economía española más necesita.
Ni un empleo
El ICO arguye que la financiación de la compra de Unión Fenosa por Gas Natural no es algo excepcional. Según su presidente, AURELIO MARTÍNEZ, el instituto, cuando se le invita a ello, procura “facilitar los procesos de internacionalización y crecimiento empresarial”. Sin embargo, en este caso se trata de una fusión entre compañías españolas, que en principio no dará lugar a otra mayor que la suma de las dos, ni creará un solo puesto de trabajo, sino más bien todo lo contrario.
Los grandes sí logran créditos
Sostiene el ICO que su participación en operaciones corporativas de gran envergadura le permite obtener recursos que luego son aplicados a otras líneas de financiación. Aunque así fuese y pueda tener su lógica en momentos de menos premuras económicas, el mensaje que se transmite no es demasiado edificante ahora que al común de los mortales les cuesta Dios y ayuda conseguir un préstamo, da igual para lo que sea.
¿Y las pymes?
El ICO, en fin, dice que entrar en el sindicato bancario que hará posible el cambio de manos de Unión Fenosa no va en detrimento de las pequeñas y medianas empresas. Según el instituto, las líneas abiertas a su favor no se han agotado y, por lo tanto, hay margen para atender las demandas de financiación que planteen. Eso, tal y como están las cosas, lo único que hace es abonar la duda de si el ICO ha hecho lo suficiente por que esas líneas se conozcan y da las facilidades que sus potenciales beneficiarios necesitan para acogerse masivamente a ellas.