Opinión
Enséñame más
Por Luna Miguel
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Más allá de la muerte, los libros de texto. Porque ahora, en todos los institutos, los adolescentes leen a Ayala, afortunados ellos. Pero qué suerte tuve yo también hace dos años cuando murió Ángel González, justo a tiempo para que al profesor se le ocurriera incluirlo en ese pobre temario literario de aspirantes a Selectividad. Si los escritores no se murieran, jamás saldrían en los libros. Sólo hay que ver cuáles son considerados como ‘contemporáneos’ según los manuales, muertos, muertos y más que muertos.Algo parecido ocurre en Historia, como si la Revolución rusa hubiera ocurrido ayer ¿¡Historia Contemporánea!? Y luego no nos explican el GAL, jabones de pura glicerina, piensa una de este siglo al leer las iniciales. Vivo en la ignorancia. Apurando, lo último que sé de mi país es que en el 36 la cosa se puso demasiado fea. Si no fuera por mi iPod dudaría de si eso de La España Democrática no es un epílogo de Ciencia Ficción, cortesía del historiador. “Ha muerto Francisco Ayala, no sabéis quién es y nunca os lo enseñarán, de modo que entrad a Internet y copipastead toda la información posible sobre el autor”.Así nos enseñan. Así llegamos a la Universidad Bolonia: que no conozco a Adolfo Suárez, que no me hables de Claudio Rodríguez ni de Valente, ¡aún no los hemos asimilado! Un poco exagerado todo esto, pienso. Al fin y al cabo la Historia es agua muy pasada y la Literatura esa cosa que imparten algunos filólogos desilusionados. En un lugar como éste, en cuyas aulas las pizarras son presididas por símbolos de muerte, qué podemos esperar. Subir al cielo, hoy, significa ser antologado en los manuales Santillana.