Opinión
Esperanza Aguirre, así en la tierra como en los cielos
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Iberia y British Airways, que tan felices se las prometían cuando en julio anunciaron por sorpresa su fusión, están encontrando algunas dificultades para rematar aquel acuerdo de principios. Una de las más espinosas se refiere al papel de Caja Madrid en el holding que agrupará las acciones de las dos aerolíneas y cuyo consejo de administración será el principal órgano de gobierno del nuevo grupo.
La idea inicial de los muñidores de la operación, WILLIE WALSH y FERNANDO CONTE, era que British tuviera un peso mayor en razón de su volumen, que en términos de capitalización bursátil (3.800 millones frente a 2.000) casi dobla al de Iberia. Sin embargo, Caja Madrid, socio de referencia de la aerolínea española, discrepa radicalmente de esa fórmula, que a la postre diluiría su participación igual que un azucarillo en un vaso de agua.
En un audaz golpe de mano, la entidad financiera se hizo con el control de Iberia a finales del año pasado, después de comprar su parte al BBVA y a Logista. Ese paso lo dio para disponer a su antojo el futuro de Iberia y no para ser un mero comparsa, como teme su presidente, MIGUEL BLESA, a tenor de los compromisos contraídos con British Airways antes de las vacaciones de verano.
Caja Madrid ha tomado cumplida nota de que, aprovechando la apreciación bursátil de la compañía británica de bandera generada por las perspectivas de fusión, su principal accionista, Invesco, haya vendido 13 millones de títulos. La gestora de activos estadounidense tiene ahora un 10,95% de British Airways, equivalente al 7,28% del capital conjunto de las dos líneas aéreas.
Como consecuencia de ello, cuando se constituya la sociedad resultante de la fusión, nadie poseerá un paquete mayor que el de Caja Madrid, salvo que entretanto varíe la actual relación de fuerzas, cosa que hasta el último momento no puede descartarse.
Llevar la voz cantante en la compañía que está llamada a ocupar el tercer puesto del ránking mundial de la aviación comercial es una golosina muy tentadora. Y esa posibilidad seguro que no ha pasado inadvertida para ESPERANZA AGUIRRE, que por su condición de presidenta de la Comunidad mueve los hilos de Caja Madrid y que en su día empujó a Blesa para que se hiciera con el poder en Iberia.
La patata caliente de Spanair
Aunque no suele hacer alarde de ello, al menos en público, Esperanza Aguirre es una persona clave en el sector aéreo desde que Caja Madrid cogió las riendas de Iberia. De hecho, en el último mes se le han enviado mensajes para que arrime el hombre en la salvación de Spanair, que no levanta cabeza desde el terrible accidente del 20 de agosto. De momento, la presidenta se deja querer, sabedora de que esa patata caliente, en todo caso, es más del Gobierno que suya.
Una situación distinta
Iberia se interesó por Spanair cuando su propietario, SAS, la puso en venta. A última hora, sin embargo, retiró la oferta, harta de las vacilaciones del consorcio escandinavo y por temor a los efectos de la por entonces brutal escalada del petróleo. Ahora que el precio de los combustibles ha dado un respiro, sería posible retomar la operación, pero en unas condiciones distintas. A fin de cuentas, Iberia está más fuerte, gracias a su anunciado matrimonio con British, y Spanair permanece en coma desde la terrible catástrofe de Barajas.
El Londres no gusta la operación
A los británicos, sin embargo, no les hace maldita la gracia que su nueva pareja se lastre con un activo que puede distraerla del objetivo principal: que la fusión llegue a buen puerto. Por eso, al enterarse del interés del Gobierno español por que Iberia cargue con Spanair, los directivos de Britsh Airways fruncieron el ceño. Muy claras deben tener las ventajas para que den su bendición a tan arriesgada compra.