Opinión
De fachas y rojos
Por Javier Vizcaíno
Semana del orgullo ultramontano en los papeles de choque. “Dime facha”, se engalla Antonio Burgos en ABC antes de inventarse su propia leyenda: “Si no te llaman facha es señal de que o eres un trincón o tienes más miedo que vergüenza, y que eres un cagueta cobarde como los que se callaban cuando la dictadura de Franco, y a los que hablábamos nos decían rojos. No hay nada más bonito que pasar directamente de rojo a facha”.
Para no ser menos, Alfonso Ussía se reclama progre restrospectivo en su columna de La Razón y señala en contraste a tres conocidos de la época que hicieron camino inverso al suyo: “Cuando murió Franco, se hicieron socialistas, que también se lo prohibieron sus padres, pero en esta ocasión no les hicieron caso. Y fueron consecuentes con su educación. El socialismo de hoy, es sobre todo intervencionista y prohibicionista. Nada le gusta más a un socialista que prohibir”.
Al editorialista de La Gaceta esa proclama se le queda corta y le añade dos huevos duros. Mejor así: “El Gobierno, en su empeño por sojuzgar a todos los españoles, está obsesionado con acabar con valores tradicionales tan caducos y desfasados como la vida, la libertad o la propiedad privada. Por eso siempre que tiene ocasión emprende una cruzada relativista donde, como en el caso del aborto, bien y mal son dos conceptos que determina el Estado, es decir, el PSOE”. Con la misma tinta y seguramente la misma pluma, Carlos Dávila remata: “La calidad de nuestra democracia es exactamente como la de un vino de pitarra, y lo que es peor: a nadie le importa que sea de esta putrefacta manera”.
El espíritu de la ley
Desde luego, a José María Carrascal no parece importarle. De hecho, en su columna de ABC aboga por que los jueces se pasen la ley por el forro de la toga. En el caso Sortu, claro: “Habrá que esperar a la sentencia de los tribunales, confiando en que no se detengan en la letra de la ley y vayan a su espíritu para descubrir la falacia que esconden los estatutos del nuevo partido abertzale”.
Fin de trayecto en El Mundo, reescribidor oficioso del 23-F, para disgusto de su alférez de columneros Jiménez Losantos, que atiza sibilinamente a Pedro Jota: “La pavorosa superficialidad del periodismo -su encanto y su mueca- se ha manifestado este fin de semana con las entrevistas, fotos y recuerdos escogidos -entre los caducados- que aclaran, dicen, cosas fundamentales y nunca dichas sobre el fallido golpe de Estado”.