Opinión
Generalizaciones
Por Ciencias
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
Lo más nefasto, desde el punto de vista del conocimiento, es la tendencia del hombre a generalizar”. Así comienza La vida íntima (1933), uno de los libros más famosos de Hermann Keyserling (1880-1946), extraordinariamente popular en su día y hoy justamente olvidado. Aunque no del todo. La idea central de su filosofía intuicionista, expresada en la sentencia anterior con tanta claridad como contundencia, sigue viva en las expresiones menos racionales de la supuesta sabiduría popular. Las generalizaciones suelen despertar recelos y a menudo suscitan reacciones indignadas. Una expresión tan inocente como “puntualidad suiza” puede hacer que alguien replique con irritación: “Eso es un tópico; un suizo no tiene por qué ser puntual”. Lo cual es cierto, pero improcedente. Un suizo concreto no tiene por qué ser puntual; pero, estadísticamente, los suizos muestran una tendencia a la puntualidad mayor que otros pueblos, aunque solo sea porque en su sociedad se penaliza la impuntualidad más que en otras.
El rechazo de las generalizaciones tiene que ver con una confusión frecuente, que lleva a muchos a creer que describir o predecir un comportamiento colectivo supone el conocimiento de las conductas individuales implicadas. Podemos medir y controlar con precisión milimétrica –o milibárica– la presión de un gas, aunque la trayectoria, velocidad y posición de cada una de sus moléculas sean desconocidas (por no decir incognoscibles) e impredecibles. Si en vez de haber solo siete millones de ellos, los suizos se contaran por trillones, la puntualidad suiza se podría medir –e incluso predecir– con un error de un minuto (que es lo más que suelen esperar a quienes se retrasan). En su famosa trilogía de las Fundaciones, Asimov juega con esta posibilidad al imaginar una humanidad futura tan numerosa que, gracias a una nueva ciencia denominada “psicohistoria”, su comportamiento colectivo se puede prever con notable exactitud.
Keyserling, al igual que Bergson y otros pensadores de principios del siglo XX, reaccionó contra los excesos del positivismo del XIX, pero solo para caer en el exceso contrario, mucho más peligroso. Su antigeneralizacionismo se traduce inevitablemente en irracionalismo, puesto que sin generalizaciones no solo no es posible la ciencia, sino ni siquiera el pensamiento. El propio Keyserling, paradójicamente, incurre en una generalización –o metageneralización– abusiva en su sentencia más famosa: “Generalizar es siempre equivocarse”. Más irónica y consciente de su autorreferencia, y por ende más sabia, es una frase anterior de Alejandro Dumas (hijo): “Todas las generalizaciones son peligrosas, incluida esta”.