Opinión
Golpe a golpe
Por Javier Vizcaíno
Había tanto por lo que brindar, que la cogorza conmemorativa del 23-F tuvo prórroga el día siguiente. Hasta el titular de La Razón parecía un guiño actual a la asonada. “Inquietud entre los militares por la carrera sucesoria de Chacón”, advertía el papel de Planeta en primera página. Tranquilos, que antes de que llegue la sangre al río, mandará parar el superhéroe de hace treinta años, el mismo ante quien -junto a otra legión de palafreneros- caía de hinojos Javier González Ferrari: “Las nuevas generaciones tienen que saber que lo que hoy les parece lo normal, pudo no serlo si el Rey don Juan Carlos no hubiera sido entonces, como hoy, el primer demócrata de España”.
Sí, fue él y no el presidente del Congreso, del que se choteaba a modo La Gaceta en una lisérgica portada que Carlos Dávila apostillaba con presunta ironía: “¿No lo saben?: el golpe lo paró Bono”. Cabría preguntar cuál de ellos, pues según el chuflista de El Mundo Salvador Sostres, ha habido dos cuartelazos en los últimos años: “Uno militar y otro civil. La gran diferencia entre ambos es que Armada no fue presidente y Zapatero sí que lo ha sido. Si el primero fue considerado un canalla y el segundo un héroe es sólo porque la Historia la adjetivan los que ganan”.
Aunque parezca imposible, el editorialista de Libertad Digital llega una docena de pueblos más lejos. El tricornio de Tejero escondía todo un laboratorio: “Cabe colegir que en torno al 23-F se ensayaron los protocolos de manipulación e intoxicación que con dispar eficacia se han aplicado a los GAL, el 11-M y a cuantos expedientes puedan suscitar dudas respecto al papel de políticos, jueces, gobiernos e instituciones”.
Vidal en la alfombra
Reserven dos o tres carcajadas para el recuerdo sentimentaloide que guarda de aquel día César Vidal. Tras leer su peripericia en La Razón, no cabe duda de que él fue el auténtico héroe de la jornada: “Luego nos pusimos a cenar y, puesto que mi novia se quedó a dormir en mi cama, yo tuve que hacerlo en la alfombra del salón. (…) Aquel verano rompí con mi novia de Manresa y hasta la fecha seguimos sin saber dónde tenía mi padre enterrado el fusil”.
Como guinda, Luis María Anson cantando en El Mundo las mañanas al agraviado de otro 23-F: “Así que adelante, Ruiz-Mateos, adelante. Ya no tiene 40 años el empresario, es verdad. Pero le sobra energía y lucidez para sortear el precipicio y zafarse de las navajas cachicuernas”. Tal cual.