Opinión
Gorvachov
Por Público -
-Actualizado a
Todo empezó cuando Raissa Gorbachova, la joven (relativamente) y espigada mujer del recién elegido Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, salió de compras durante una visita a Londres, en l985. Jamás se había visto semejante cosa. Es más: nadie creía que semejante cosa pudiera suceder en la historia. Más aún: muchos –empezando por el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan– se negaron a creer que la noticia fuera cierta. Ya era bastante inverosímil que un hombre de poco más de 50 años, Mijail Gorbachov, hubiera sido nombrado en ese cargo por sus colegas del Politburó, todos ellos por lo menos octogenarios. En la remota Cuba comunista Fidel Castro comentó, aterrado:
–Es la primera vez en mi vida que soy más viejo que el secretario General del Partido Comunista soviético.
Salió de compras, pues, Raissa Gorbachova, cosa inaudita, y los fotógrafos de Occidente pudieron dar testimonio de que no era una gorda mujik informe, como correspondía a su función de esposa de un dirigente soviético. Y desde ese momento nada volvió a ser como antes. Más todavía: todo empezó a ser lo contrario de lo que había sido antes. En vez de invadir países, la URSS se retiró de los que había invadido, empezando por el más reciente, que era Afganistán. El Gobierno de Gorbachov soltó a los presos políticos y, aún más increíble, permitió que fueran elegidos miembros del Congreso los antiguos presos. Permitió, para empezar, que hubiera elecciones de los miembros del Congreso. Inventó una cosa llamada perestroika (las reformas) y otra llamada glasnost (la transparencia), que representaban una revolución (o, si se quiere, una contrarrevolución) equivalente en su grandeza a lo que había sido 70 años antes la propia revolución bolchevique de 1917, que dió origen a la URSS. Esta le ponía fin. Sólo faltaba ya que las tropas soviéticas permitieran, sin disparar un tiro, que los alemanes derribaran con las manos el Muro de Berlín, símbolo tangible de la división ideológica, política y económica que partía el mundo en dos mitades, una comunista y la otra capitalista. Sucedió en noviembre de l989, hace 20 años.
Poco después, el hombre que impulsó esa increíble transformación del mundo, Mijail Gorbachov, fué derrocado. Nadie supo perdonarle –ni los occidentales, ni los propios rusos que por primera y hasta ahora única vez en su historia conocieron un gobierno no represivo– que no hubiera querido ensuciarse las manos de sangre.