Opinión
El gran gong
Por Ciencias
-Actualizado a
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de física atómica molecular y nuclear de la Universidad de Sevilla
Miguel Delibes de Castro hizo dos citas en una de sus columnas de los lunes. Del físico R. P. Feynman mencionó que “la ciencia tiene una música que hay que entender”. Del escritor D. H. Lawrence, que “el saber ha matado al Sol al convertirlo en una bola de gas con manchas”. Las conclusiones del colega fueron deliciosas y jamás las rebatiría, pero quizá sea bueno hacer constar que la ciencia, de alguna manera, ha llegado donde no sospechó Feynman y ha consolado a Lawrence hasta donde su sensibilidad literaria jamás le habría llevado.
Al tañer una cuerda o soplar por una embocadura, el músico genera ondas que se propagan a través del aire hacia las paredes de una cavidad: la caja de la guitarra, el tubo de la flauta, etc. La cavidad vibra y devuelve el sonido al aire en una especie de rebote. Si chocan unas ondas contra otras de cualquier manera se forma un batiburrillo. Pero si el luthier ha seguido bien la tradición de los artesanos, o es japonés y utiliza máquinas robotizadas programadas finamente, la caja devuelve las ondas de manera que interfieran armoniosamente con las ondas que le llegan. Se produce lo que se llama resonancias. Ahí está la belleza del sonido producido por un buen instrumento. El músico, modificando la longitud de la cuerda o el recorrido del aire soplado en el tubo a base de utilizar llaves, provoca ondas de distinta frecuencia y el instrumento genera la gama de bellos sonidos. Con unos instrumentos maravillosamente ideados adaptados a los telescopios solares se ha concluido que la superficie del Sol vibra con un periodo de unos cinco minutos. Estos movimientos son tan lentos que hay que observarlos por periodos prolongados de tiempo, sin la interrupción que implica la noche.
Hay varios proyectos, pero el más sonado es el GONG (Global Oscillation Network Group), formado por gente de observatorios situados en Australia, Hawaii, Estados Unidos, Chile, España e India. Para ellos, en conjunto, nunca se pone el Sol. Lo que se espera aprender al analizar las vibraciones superficiales del Sol ya se puede adivinar: cómo es el interior que las provoca. Es como estudiar cómo vibra la caja de un violín para deducir lo que ocurre dentro de ella y quizá hasta averiguar cómo funciona el instrumento. Hablamos, naturalmente, de la sismología solar, pues qué otra cosa si no terremotos (heliomotos) iban a hacer vibrar el astro.
¿No acerca esto la ciencia a la literatura? Por un lado, confirma la intuición artística de Feynman; por otro, reconcilia a Lawrence con la ciencia, pues el Sol ya no es solo una bola de gas manchada, sino también una maravillosa caja de música. De música celestial, porque igual que nuestro entrañable astro vibran todas las estrellas el firmamento.