Opinión
Honorables espías
Por Moncho Alpuente
Todo lo que no está prohibido es obligatorio, ironizaba “La Codorniz” en los años sesenta, respirando por los escasos y mínimos resquicios que el severísimo régimen de aquél general superlativo dejaba abiertos, al menos entornados, para que la acumulación de gases nauseabundos no provocara la explosión del artefacto del estado nacionalsindicalista, engendro creado a la medida del líder que era corto de talla y de miras. Cuando las pedorretas de La Codorniz resonaban más de la cuenta en el aire enrarecido, el régimen secuestraba o cerraba la revista temporalmente para que escarmentaran aquellos humoristas deslenguados y procaces. En aquél país de chiste se producía un humor negrísimo como correspondía al luto sempiterno impuesto por las autoridades, humor trágico y sarcástico como la sonrisa de una calavera.
Todo lo que no está prohibido es obligatorio es un buen lema para una dictadura pero en estos tiempos que se proclaman democráticos hay políticos que parecen sentir nostalgia de aquellos días y de aquellos métodos. La policía autonómica catalana, los mossos d´esquadra (mozos de cuadra por sus rudos y contundentes modales) se esmera en la represión con entusiasmo digno de otra época. Ser reprimido en tu propia lengua y por el vecino de al lado debe tener su morbo. Saber que tu policía está formada por hombres de armas tomar con fama de duros e implacables puede ser digno de la admiración de los imbéciles. La seguridad por encima de la libertad, nadie nos protegerá de los que nos protegen. El rotundo éxito de su modelo policial ha llevado a la Generalitat a plantearse la creación de unos servicios secretos autonómicos para exportar sus éxitos fuera de sus fronteras y de paso difundir el uso del catalán, hoy en desuso en el mundo del espionaje. La invención del Centro Catalán de inteligencia y contrainteligencia, el CCIC, puede parecer un derroche en estos días de austeridad y recortes, pero esa sería una visión a ras de tierra, pedestre, el proyecto tiene miras más altas y la inversión en inteligencia y seguridad tiene buenas perspectivas, crea puestos de trabajo aunque sea a media jornada.
Los agentes del CNI, la inteligencia nacional, están autorizados a trabajar a tiempo parcial para la empresa privada. Por la mañana se espía por la Patria y por la tarde para la compañía contratante, una multinacional, un banco o un consorcio y, tal vez, para servicios secretos de otros países con exceso de trabajo. A la hora de las lealtades, el que paga manda y no hay más que hablar que luego se sabe todo y la discreción es inherente al oficio de espiar. El éxito del ciberespionaje tiene también sus gajes, los cables se cruzan a menudo y los asuntos más ocultos y turbios aparecen en todas las pantallas del mundo para befa, mofa y escarnio de los guardianes del secreto. La red es un arma de destrucción masiva que puede apuntar a donde menos te lo esperas y cambiar de bando en un “clic”, un “clic” que cualquier hacker que se precie está dispuesto a teclear al menos una vez en la vida. La seguridad cada día es más insegura y a mayor inseguridad más cuerpos de seguridad, más puestos de trabajo, más inversiones y más diversión para el público.
He visto un par de drones disfrazados de palomas revoloteando del otro lado de la ventana. Miles de ojos electrónicos nos espían. El de espía es el oficio más antiguo del Mundo, el ojo de Dios observaba desde las alturas y el Espíritu Santo fue un precursor de los drones.