Opinión
El manual del 'MiniTrump' para Abascal y Ayuso

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Siempre he compartido la tesis del filósofo José Antonio Marina de que “las personas son respetables todas, las opiniones no”, aunque el mundo nos lo ponga cada vez más difícil colocándonos enfrente a líderes políticos, gobernantes todopoderosos que tienen claro que hay personas que no merecen respeto alguno por sus ideas y deben desaparecer del mapa.
Este fin de semana he estado leyendo el nuevo libro del compañero periodista Óscar Martínez. Bukele, el rey desnudo (Anagrama) constituye un repaso muy documentado de la trayectoria política de un “dictador” que ha llevado al exilio a medio centenar de periodistas, incluido el autor del libro, que vive en México so riesgo de acabar en una de las 22 cárceles de El Salvador. Los demócratas hemos de sospechar siempre del Gobierno de un país en el que los periodistas han de exiliarse.
Martínez admite en su libro que sus compatriotas están tan entusiasmados como desinformados con la dictadura de Bukele, sobre todo, teniendo en cuenta que venían de un bipartidismo derecha-izquierda corrupto a gran escala que les gobernó sucesivamente en la posguerra de varios años. Porque, pese al fin de esa guerra y en democracia, El Salvador llegó a tener 106 asesinados por cada 100.000 habitantes en 2015; para comparar la magnitud, el periodista pone el caso mexicano en lo peor de la guerra del narco: 17 crímenes mortales por cada 100.000 habitantes. Así llegó Bukele al poder, con sus loas a Obama, sus fotos con banderas y activistas LGTBIQ+, para llenar la desesperación de los salvadoreños/as por creer en algo. “La fe frente a la razón”, resume Martínez.
Hoy, Bukele es el presidente autoritario, mesiánico, que quienes desprecian la democracia y los derechos humanos quieren ser. En EEUU, de momento, quedan instituciones que constituyen contrapesos democráticos al fascismo de Donald Trump; en El Salvador no queda ninguno, todos han sido eliminados por Bukele, incluido el vigilante de los vigilantes: el periodismo. Por eso, cuando Abascal o Ayuso alaban y animan a replicar el modelo Trump en España, conviene redirigirles a El Salvador, donde la derrota democrática que buscan es ya absoluta. También a sus votantes hay que contarles de qué va esto realmente y lo que supone la “seguridad” bukele-trumpista, esa que, en realidad, ya conocimos bien en España hace décadas. Que no lo crean, pese a que la documentación es pública y contrastada, ya es una cuestión de la ética de cada uno/a. Por eso seguiremos informando.
Los derechos humanos, la libertad de expresión, la de prensa, el derecho a un juicio justo -incluso, a un juicio a secas-… han sido sustituidos por el manual dictatorial de todos los tiempos: apagón informativo, marketing estridente (y hasta ridículo) del dios en la tierra que es el tirano, silencio en las calles, represión ideológica, religión como marco primero de acción política, muertes silenciadas, torturas y un aparato cruel al servicio de la continuidad eterna de Bukele, que aún no ha cumplido los 50 años.
El Salvador diseñado por MiniTrump es ese país de 6,3 millones de habitantes en el que uno de cada 57 están en la cárcel y un millón viven en la pobreza más absoluta, informa Martínez. ¿Están esos presos en la cárcel que visitan activistas, youtubers, influencers, políticos de extrema derecha para hacer a ese pozo de hormigón el reportaje a medida de la “seguridad” de Bukele, como el presidente Kast de Chile? No, no hablamos solo de esa cárcel en la que únicamente permiten visita si va guiada por los funcionarios de Bukele (los verdugos) para convencerte de sus bondades, ésas que también han llevado a Trump a encerrar allí a los “animales” (sic) que va deportando desde USA.
400 cadáveres documentados por una ONG salvadoreña y recogidos por Óscar Martínez han salido de esas prisiones a escondidas, prisiones que son 22 aunque sólo se hable y muestre (un decir) una. Los 400 cuerpos que se registraron fueron mutilados, torturados, sin identificar, enterrados sin darlo a conocer a sus familias y con unas autopsias que recogen mayoritariamente un presunto “enfisema pulmonar” como causa de la muerte, cuenta el periodista exiliado. Para Bukele, no hay preguntas y las respuestas las da él: la violencia de las maras ha desaparecido prácticamente… gracias a los acuerdos sin publicitar del propio Bukele con las mismas pandillas: “Sin cuerpo no hay delito”, dicen que fue su mantra favorito en sus conversaciones con estos criminales, así que los/as desaparecidos se evaporan sin más, eso sí, porque cuando aparece algún resto se atribuye a las fosas de cadáveres que son siempre de la etapa de guerra-posguerra salvadoreña.
92.000 capturados con fichas policiales redactadas sin control alguno (apenas se conocen 690 de estos expedientes que dicen “Mostró nerviosismo” como delito), sin juicio, sin pruebas, sin derechos… inocentes y culpables -el último escalón de las crueles mafias, eso sí- se hacinan en las cárceles de El Salvador (“En una celda que quepan diez, caben 20”, responden sin pudor los funcionarios al visitante), mientras los autoritarios/as piden replicar el modelo Bukele, babeantes activistas ultra visitan la cárcel maquillada y el presidente de El Salvador consulta a su “familia y a dios” -no a la Constitución que le niegue repetir- si debe continuar su mandato in aeternum. Total: fracaso de las democracias, corrupción política, miedo, manipulación y falsedades en nombre de la libertad, desinformación a gogó, primeras victorias en las urnas, destrucción mediante control pleno de las instituciones, de los contrapesos democráticos, aniquilación del adversario, anulación del periodismo… Et voilà! Del ensayo de Bukele a la apoteosis de Trump, el manual de la ultraderecha española.
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