Opinión
Larga vida a Sandokán
Por Antonio Avendaño
-Actualizado a
He aquí los hechos: el constructor, joyero y ahora concejal Rafael Gómez, alias Sandokán, construyó ilegalmente en 2004 en las afueras de Córdoba 40.000 metros de naves industriales, siendo Rosa Aguilar alcaldesa de la ciudad en nombre de Izquierda Unida y en el suyo propio. El gobierno municipal intentó regularizar la ilegalidad, que es la manera neutral de decir que intentó amnistiar el delito, que a su vez es la manera periodística de decir que intentó que el delincuente se fuera de rositas. La oposición llevó entonces el asunto a los tribunales y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía le dio la razón. Las naves eran ilegales. Eso fue en 2008. Sandokán apeló al Supremo pero no tuvo éxito. Luego Rosa Aguilar sería nombrada consejera de Obras Públicas del Gobierno andaluz de José Antonio Griñán y, como muchos temían, no puso especial empeño en hacer cumplir la ley.
A su vez, el Ayuntamiento le imponía una multa de 24,6 millones de euros que, por supuesto, ni Sandokán ha pagado ni el Ayuntamiento ha hecho nada por que la pague. El último episodio es que el Ayuntamiento, burlando quizá no de derecho pero sí de hecho la sentencia de los tribunales, ha aprobado una modificación urbanística para legalizar la mayor parte de lo construido, a condición de que Sandokán derribe 15.000 de los 40.000 metros cuadrados levantados. En línea con su trayectoria moral y empresarial y en consonancia con lo que le dicta tanto su conciencia como su profundo conocimiento del funcionamiento de las instituciones españolas, el constructor, joyero y concejal ya ha dicho que ni pagará la multa ni tirará un maldito ladrillo.
Los hechos son tan contundentes, tan vergonzosos, tan demoledores que apenas necesitan comentario alguno. De ellos sale tal retrato del Estado español que muchos de sus ciudadanos no saben dónde esconderse para que nadie los relacione con este Estado. Pero que se hagan ilusiones. No hay sitio donde esconderse. Aunque unos más y otros menos, lo cierto es que todos tenemos algo que ver con lo ocurrido en Córdoba:
No en vano los medios de comunicación han sido, como en su día lo fueron con Jesús Gil, demasiado indulgentes, cuando no abiertamente complacientes, con las andanzas de Sandokán, en cuyo historial figura su detención y procesamiento por corrupción urbanística en el caso Malaya.
No en vano Rafael Gómez tiene la Medalla de Oro de la Asociación de Joyeros de Córdoba y la Medalla de la Ciudad de Benalmádena al Mérito Social y Mercantil.
No en vano la justicia no se ha molestado en hacer que se cumplan las sentencias por ella misma dictadas ni en impedir que tales fallos sean burlados por otros poderes del Estado.
No en vano el Ayuntamiento de izquierdas y la Junta de Andalucía también de izquierdas no se han molestado en hacer que se cumpla la normativa urbanística por ellos mismos dictada.
No en vano la legislación urbanística española es burlada continuamente sin que nadie se escandalice por ello, si se exceptúan aquellos propietarios que no han tenido la suerte o la astucia de beneficiarse también de ese cachondeo general.
No en vano Sandokán obtuvo 25.000 votos en las municipales de mayo de 2011 en la capital cordobesa, donde fue segunda fuerza política, por delante de Izquierda Unida y del Partido Socialista.