Opinión
Lenguaje
Por Varios Autores
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EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Este humilde y rastrero servidor escuchó, días ha, la siguiente conversación entre adolescentes: “¿Grsmplftndam roicu dango remboingoing plaf?” “Ah, ¡bliski blisqui!” Me dije: “¡Qué viejo estás, colega! No entiendes nada...”. Acto seguido me acordé de cuando un servidor —el humilde y rastrero— escuchaba a sus padres decir: “¡Raquetepeipei bling blong blang freudito!”. Y comprendí que, tampoco de aquella, comprendía nada.
Envejecer, como hecho en sí, no es ni bueno ni malo. Es. Y está. Pero el lenguaje no envejece con nosotros. Cuando uno era joven, no entendía a sus padres. Ahora de mayor no entiende a la chavalada. Pero es que tampoco entiendo a la gente de mi edad ni al subsecretario del Ministerio de Fomento cuando dice: “¡Grindu flagar bosi bosi aúa mejillones cachiporra...!” Como dice Alex de la Iglesia, la comunicación humana es imposible.
Antonio Ozores se inventa un lenguaje en cada película. Anthony Burgess se lo inventó para La Naranja Mecánica y En Busca del Fuego. Kurt Schwitters hizo lo propio en su Ursonate. Los demás mortales nos conformamos con sobrevivir en una cacofonía permanente. Lo suyo será aprender a disfrutar del sonido de las vocales, las labiales, las palatales y el del tubo de escape de la moto de Borja que seguro que nos está contando algo que no alcanzamos a comprender. La corrección de textos, la censura, la ortografía y la sintaxis son esfuerzos inútiles de unos cuantos ociosos.