Opinión
La lotería del estado de la nación
Por Manolo Saco
Hoy comienza el festival político anual más importante de nuestra democracia: el debate del estado de la nación. Hay un no sé qué en su puesta en escena que me recuerda mucho a la lotería de Navidad. Y si no, haced la prueba, conectad la radio, dadle la espalda, y comenzad a pasar la fregona a toda la casa, o a pelar cebollas, mientras os mecéis en la música de la lotería: seis mil cuatrocientos dooooce, miiiiiil euuuuuros; nueve mil quinientos noventa y dooos, diez miiiiil euuuuuros... Si no prestas mucha atención creerás que siempre repiten el mismo número, un mantra cansino que sólo se ve alterado porque de pronto el mensajero levanta la voz, y un frufrú de rumores recorre la sala como un oleaje. Ha sucedido algo. A alguien le han dado una alegría, a más de uno le han propinado un disgusto morrocotudo.
Con parecido espíritu, todos los años me apunto a la retransmisión del debate de la nación mientras pelo cebollas. Así, cuando Rajoy canta sus números fúnebres, mi mujer no sabe por qué lloro, ella piensa que es por las dichosas cebollas. Pero cuando le toca el turno a Rodríguez Zapatero, el incorregible optimista, los esfínteres cerebrales se me relajan, y sueño que de un momento a otro van a cantar mi número de la suerte.
Zapatero intenta repartir fortuna y frota nuestro ánimo con el símil de los brotes verdes que afloran tímidamente de la tierra de la crisis, esperanza de que un día tendremos buena cosecha. Mariano sólo canta desgracias, porque a él y a su gente sólo les toca la lotería si a nosotros nos va mal. “Ahora avanzaremos mucho más resueltamente hacia el abismo”, cecea su voz amiga desde la radio.
Y yo he terminado de pelar cebollas y me quedo sin coartada.
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Meditación para hoy:
El debate del estado de la nación (“¿de qué nación?”, dicen los nacionalistas) que comienza hoy servirá sobre todo para hacer un debate sobre el estado de ánimo de Mariano Rajoy. Llevamos un año en que la economía cae en picado, pero el jefe de la oposición no saca provecho de ello en intención de voto. Somos unos masoquistas, pensará Mariano.
Pero su estado de ánimo comienza el día con dos malas noticias, que en su mundo en negativo proyectan una imagen positiva para sus conciudadanos. Los portadores de malos augurios son los directores del Banco de España y del Banco Central Europeo, que dicen ver una lucecita de esperanza al final del túnel. “Una mejoría”, dice uno, “un punto de inflexión”, dice el otro. ¿Ya empezamos?, dice Rrajoy.
Y, para colmo, en el frente abierto de la presunta y generalizada corrupción en su partido, la juez de Nules ve indicios de “un delito de falsedad documental, con ánimo de lucro”, en una de las causas pendientes de Carlos Fabra, el intocable padrino de Castellón. Así, con tan buenas malas noticias no hay quien se centre en la muy noble y leal tarea de oposición.